Podemos pensar que no tenemos que hacer nada en este mundo. Más todavía, a veces se nos ocurre perder el tiempo como el único fin de nuestra vida.
Pero no es así. Todos tenemos una misión importante que cumplir.
- Jeremías
A él le dice Dios: «Antes
de formarte en el vientre, te escogí».
Cada uno tiene una
misión y Dios nos pide valentía para realizarla:
«No les tengas
miedo que, si no, yo te meteré miedo de ellos.
Yo te convierto en
plaza fuerte, en columna de hierro… Frente a los reyes y príncipes de Judá.
Lucharán contra ti,
pero no te podrán porque yo estoy contigo para librarte».
Qué bueno es que
tengamos una misión puesta por Dios que conoce nuestras posibilidades y
contamos con Él, siempre que actuemos en su nombre.
Sé valiente, Dios está contigo.
- Salmo 70
El salmista cuenta
con Dios y en Él encontrará siempre la fortaleza para luchar:
«A ti, Señor, me
acojo. No quede yo derrotado para siempre. Tú que eres justo líbrame y ponme a
salvo, inclina a mí tu oído y sálvame».
Frente a las
dificultades de la vida, fácilmente decimos y lo hacemos: «tirar la toalla».
Sin embargo, frente
a todas las dificultades decimos:
«Sé tú mi roca de
refugio, el baluarte donde me salve. Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y
mi confianza, Señor, desde mi juventud».
Con el profeta
Jeremías podemos decir:
«En el vientre
materno ya me apoyaba en ti. En el seno tú me sostenías».
Contamos con todas las fuerzas de Dios para vencer el mal que podamos encontrar en el camino.
- San Pablo
Como consejo, nos
dice:
«Ambicionad los
carismas mejores, y aún les voy a mostrar un camino excepcional.
Aunque hablará
todos los idiomas y tuviera el don de profecía, conociendo todos los secretos,
si repartiera en limosnas todos mis bienes… lo más importante de todo es el
amor.
El amor es
paciente, afable, no tiene envidia, no presume ni se engríe, no es mal educado
ni egoísta, no se irrita, no lleva cuentas del mal…
Disculpa sin
límites, cree sin límites».
Aunque todo pase,
nunca pasará el amor.
La fe, la
esperanza, pasarán.
Pero lo más grande que no pasará nunca es el amor.
- Verso aleluyático
Nos enseña así: El
Señor me ha enviado a dar la buena nueva a los pobres, a anunciar la salvación
a los cautivos y la libertad verdadera a todos.
Qué importante es sentirse libre y dedicarse a hacer libres a todos los que siguen a Dios.
- Evangelio
El evangelio nos
lleva otra vez a Nazaret. Recordemos que Jesús está en la sinagoga y, después
de haber leído el texto de Isaías, proclama ante todos los vecinos de su
pueblo:
«¡Hoy se cumple
esta escritura que acabáis de oír!».
Es importante ver
cómo se voltea totalmente la opinión de un pueblo, que al principio ha admirado
a su paisano y ahora quiere apedrearlo y lo conduce fuera de la sinagoga para
despeñarlo y arrojarle piedras encima.
Pero, «Jesús se
abrió paso entre ellos y se alejaba».
Está claro que se
cumplen sus palabras doloridas:
«Ningún profeta es
bien mirado en su tierra».
Esto le duele mucho
a los de Nazaret, sobre todo cuando Jesús los compara con el profeta Elías que
solo hizo un milagro en favor de la viuda de Sarepta y a Eliseo que, aunque
había muchos leprosos en su tiempo, solamente curó a Naamán el sirio.
De esta manera,
Jesús pudo hacer muchos milagros en su pueblo, pero no los hizo por su falta de
fe.
José Ignacio
Alemany Grau, obispo Redentorista