Durante miles de años la humanidad ha buscado el bien y ha bendecido a los que lo procuran. Veamos como la liturgia de hoy nos presenta a los buenos en sus distintas acciones.
- Jeremías
En el breve párrafo
define claramente a unos hombres como malditos y a otros como benditos.
El grupo de los
primeros pone su confianza en el hombre y su valor en la fuerza, apartando el
corazón de Dios.
A este hombre ruin lo
compara con un cardo en el desierto.
Por otra parte, están las bendiciones especiales para los hombres «que ponen en el Señor su confianza». Estos son comparados a un árbol que entierra sus raíces en el agua y así permanece siempre fecundo.
- Salmo 1
Presenta las
alabanzas al hombre «que ha puesto su confianza en Dios». Este hombre
será siempre feliz porque no sigue el consejo de los malvados «ni entra por
la senda de los pecadores». Este hombre que cumple la voluntad de Dios se
asemeja «a un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y
no se marchitan sus hojas».
Una vez más lo
compara con el hombre malvado que «será paja que arrebata el viento».
El salmo termina hoy comparando el camino de los justos que protege el Señor, con el camino de los impíos que siempre acaba mal.
- San Pablo
La segunda lectura
está tomada de la Carta a los corintios. En ella afirma que la muerte de
Cristo, resucitado de entre los muertos, es una verdad que nunca podremos
negar.
Luego el apóstol
confirma la resurrección de Cristo frente a algunos que niegan la resurrección
y a los cuales no podemos seguir porque sin la resurrección de Cristo no tiene
sentido ni es posible nuestra salvación.
La última afirmación de Pablo es muy importante en este día: «Cristo resucitó de entre los muertos el primero de todos».
- Verso aleluyático
Jesucristo nos invita a alegrarnos y a saltar de gozo porque confiamos en la recompensa que dará a nuestras buenas obras: «Alegraos y saltad de gozo porque vuestra recompensa será grande en el cielo».
- Evangelio
San Lucas nos
presenta a Jesucristo subido en el monte, con sus doce apóstoles, y
dirigiéndose a una gran multitud proclamando las famosas bienaventuranzas:
«Dichosos los
pobres porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre
porque quedaréis saciados…».
Después de detallar
unas bienaventuranzas positivas, pasa a resaltar su proclamación para que
evitemos la posible condenación:
«Ay de vosotros los
ricos porque ya tenéis vuestro consuelo. Ay de los que ahora reís porque haréis
duelo y lloraréis. Ay si el mundo habla bien de vosotros. Eso es lo que hacían
vuestros padres con los falsos profetas».
La lección que nos
da hoy San Lucas es más breve que las de las bienaventuranzas del evangelio de
San Mateo, pero son suficientemente claras para definir el futuro de los que
siguen las enseñanzas de Jesús frente a quienes siguen el capricho de los
malvados.
¿Y tú, en qué bando
estás?
¡Bendito sean los
buenos!… Que, aunque el mal haga ruido, ¡sabemos que hay mucha gente haciendo
el bien!
José Ignacio
Alemany Grau, obispo Redentorista