2 de marzo de 2024

LA FUENTE TE PIDE AGUA

Cuando tenía unos veinte años, alguna vez pensé que nunca se cobraría el agua.

También me parecía imposible que alguien pudiera tener seis maridos, como leía en el Evangelio de la Samaritana.

Ahora sabemos que el agua se vende y hay personas con numerosos ¿maridos?

¿Tiene esto remedio?

El Evangelio del ciclo A, que preferiremos hoy, según lo permite la liturgia, nos dará la respuesta.

  • Éxodo

«En aquellos días el Señor pronunció las siguientes palabras».

A continuación, narra el decálogo o los diez mandamientos, como solemos llamarlos.

Por mi parte les permito recordar ese decálogo según aprendimos en el catecismo desde pequeños:

1° Amar a Dios sobre todas las cosas.

2° No jurar su santo nombre en vano.

3° Santificar las fiestas.

4° Honrar padre y madre.

5° No matar.

6° No decir ni hacer nada contra la castidad.

7° No hurtar.

8° No levantar falso testimonio ni mentir.

9° No desear la mujer de tu prójimo.

10° No codiciar los bienes ajenos.

Estos diez mandamientos se encierran en dos: en servir y amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.

Cuando el ambiente se rebela contra el Dios legislador se pasa muy mal.

No es difícil demostrarlo cuando miramos la realidad social que ha marginado al Creador y su ley.

  • Salmo 18

El salmista se dedica a glorificar a Dios y alabar los decretos que nos ha dado para caminar con paz en el alma y en nuestro ambiente social:

«La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma. El precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante.

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón… La voluntad del Señor es pura y eternamente estable».

  • San Pablo

El apóstol advierte a los corintios que los judíos exigen signos y los griegos buscan sabiduría. La respuesta para todos ellos es esta: «Predicamos a Cristo crucificado».

Esto resulta escandaloso para los judíos, y al resto de los pueblos les parece una necedad.

Sin embargo, para todos, el crucificado es el Mesías que es «fuerza de Dios y sabiduría de Dios».

  •  Versículo de aclamación

El del ciclo B, nos invita a pensar en la generosidad del Padre Dios que nos ha entregado a su Hijo como Salvador y nos advierte que si lo aceptamos tenemos asegurada la vida eterna: «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único».

  •   Evangelio (Tomado del ciclo A)

Jesús comienza el diálogo con la samaritana que ha sacado agua del pozo con un balde: «Dame de beber».

Era la única forma posible de empezar un hombre el diálogo con una mujer que, además, era samaritana.

La mujer se admira, pero entra en conversación: «¿Cómo tú siendo judío me pides de beber a mí que soy samaritana?»

Jesús aprovecha para decirle: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber le pedirías tú y él te daría agua viva».

La samaritana se extraña de que Jesús pueda hablar de agua viva junto a un pozo profundo sin el cubo necesario para sacarla.

Cuando Jesús habla del agua viva que Él tiene y ofrece, la mujer le dice: «Señor, dame de esa agua y así no tendré más sed ni tendré que venir aquí a sacarla».

Resulta, pues, que el que tiene agua y es fuente, está ofreciéndola a la que tiene el cántaro recién llenado.

Jesús, que ha entrado ya en el corazón de la mujer, le pide que llame a su marido. Ella le contesta: «No tengo marido». Jesús le descubre su pasado: «Has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido».

La mujer se siente descubierta y Jesús aprovecha para enseñarle por dónde viene la verdad de Dios al pueblo de Israel, y termina descubriéndole su misterio personal:

«El Mesías soy yo, el que habla contigo».

La mujer olvida el cántaro y corre, como misionera inquieta, a decir a todos: «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será el Mesías?»

Los hombres conmovidos llevan a Jesús al pueblo y se queda dos días con ellos.

La samaritana convertida, se convirtió también en apóstol de su propio pueblo.

Qué importante es, hermanos, adentrarnos en el corazón de Jesucristo para conocerlo y descubrir, después, a los demás dónde está la fuente del amor que todos buscamos.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo