30 de abril de 2023

JESÚS, BUEN PASTOR, NOS CUIDA




En este Domingo IV de Pascua la liturgia nos habla del Buen Pastor y nos invita, de distintas formas, a seguir su ejemplo.n este Domingo IV de Pascua la liturgia nos habla del Buen Pastor y nos invita, de distintas formas, a seguir su ejemplo.

  • Hechos de los Apóstoles

Tras el versículo 14 del capítulo 2, nos presenta el resultado maravilloso de la evangelización kerygmática que Pedro dio al pueblo de Israel la mañana de Pentecostés:

«Al mismo Jesús a quien vosotros crucificasteis Dios lo ha constituido Señor y Mesías».

El fuego del Espíritu a través de la inquietud apostólica de Pedro dio su resultado y la multitud preguntó:

«¿Qué tenemos que hacer, hermanos?».

Pedro, que ha anunciado bien, ahora da una auténtica respuesta para todos, los de entonces y los de ahora:

«Convertíos y bautizaos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados y recibiréis el Espíritu Santo».

Seguramente que nosotros de alguna forma ya hemos realizado esto, pero será bueno que examinemos cómo hemos seguido a lo largo de nuestra vida.

Lucas nos dice el resultado de aquella predicación:

«Aquel día se les agregaron unos tres mil».

Pidamos a Jesús el celo apostólico que nos enseñaron los apóstoles en la Iglesia.

  • Salmo 122

El salmo responsorial, lógicamente, es el del Buen Pastor y no por saberlo, posiblemente de memoria, debemos dejar de meditarlo hoy:

«El Señor es mi pastor, nada me falta… Me guía por el sendero justo… Preparas una mesa ante mí…» y sentimos el gozo y la felicidad de que «tu bondad y tu misericordia nos acompañan todos los días de nuestra vida».

  • San Pedro

En este día nos invita a imitar a nuestro Buen Pastor, Cristo, que padeció su pasión por nosotros y así nos dejó un ejemplo para que sigamos sus huellas.

Él fue el ejemplo luminoso que nunca cometió pecado ni engañó a nadie, mas soportando todos los sufrimientos «cargó con nuestros pecados, subió al leño, para que… Vivamos para la justicia».

Tengamos siempre presente que «sus heridas (las heridas de Jesús) os han curado».

Gracias a este gran don «habéis vuelto al Pastor y guardián de vuestras vidas».

  • Verso aleluyático

San Juan nos recuerda lo fundamental del Evangelio de este día, con palabras de Jesús:

«Yo soy el Buen Pastor. Conozco a mis ovejas y las mías me conocen».

Si es bello conocer a Jesús, más importante es, todavía, que Él nos conozca porque nos da seguridad.

  • Evangelio

El evangelio de este día pertenece a San Juan (Jn 10) que confirma la descripción que Jesús ha hecho de sí mismo para invitarnos a confiar en Él:

«Yo soy la puerta de las ovejas… Quien entre por mí se salvará, y podrá entrar y salir y encontrará pastos».

Es muy bello el servicio que hace Jesús como Buen Pastor en esta comparación, a través de la cual nos enseña cómo quiere a las ovejas y cómo las lleva a los mejores pastos, para que puedan encontrar la felicidad lejos de los enemigos que las persiguen.

Termina nuestro párrafo de hoy con esta comparación que hace el mismo Jesús:

«El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».

No olvidemos nunca que cuando Jesús habla de vida, habla de la Vida. Para que la podamos tener en abundancia Él nos dejó, en la Eucaristía, su cuerpo como alimento:

«Yo soy el pan de la Vida».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

22 de abril de 2023

NUESTRA PRIMERA COMUNIDAD

Lo más apasionante en este tiempo de Pascua es ir conociendo cómo vivió la Iglesia primitiva la resurrección de Jesucristo y su propio nacimiento.

Les invito a seguir la liturgia o, si prefieren, ir leyendo los primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles.

  • Hechos de los Apóstoles

Nos cuenta hoy San Lucas la gran predicación kerygmática, muy valiente por cierto, de San Pedro en el día mismo de Pentecostés:

«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchadme: os hablo de Jesús nazareno… Conforme al designio previsto y sancionado por Dios os lo entregaron y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte…

Pues bien, Dios resucitó a este Jesús y todos nosotros somos testigos».

Y termina, en este día glorioso de Pentecostés, diciendo:

«Ahora exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido y lo ha derramado».

  • Salmo 15

Nos invita a celebrar la protección de Dios. Este Dios que «es el lote de mi heredad y mi copa…».

El salmista bendice y alaba al Señor porque siente su protección día y noche y es su fortaleza: «Con Él a mi derecha no vacilaré».

A continuación, se llena de alegría porque Dios lo libra de la corrupción y de la muerte eterna:

«Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción» (en esto encuentra la Iglesia una profecía sobre la resurrección del Mesías).

  •  San Pedro

Nos recuerda que hemos recibido el regalo de Dios que es nuestra fe y nuestra esperanza gracias a Jesucristo, resucitado de entre los muertos.

El apóstol nos advierte que gracias a la preciosa sangre de Cristo hemos recibido esas dos virtudes fundamentales de nuestra vida cristiana: la fe y la esperanza en Dios:

«Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza».

  • Verso aleluyático

Nos invita a hacer una hermosa petición del Evangelio del día:

«Señor Jesús, explícanos las Escrituras. Haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas».

Pidamos con mucha fe este regalo a Jesús para que su Palabra sea nuestra fortaleza.

  • Evangelio

En este tercer domingo de Pascua la liturgia nos presenta de nuevo la aparición de Jesús a los dos discípulos que iban a Emaús.

Son muchas las lecciones que debemos aprender.

Ante todo, debemos tener en cuenta que leer o escuchar la Palabra de Dios, para que sea eficaz en nuestra vida, se necesita que el Señor mismo ilumine nuestra mente y nos llene de fervor el corazón.

Llama la atención cómo los dos peregrinos se regresan desilusionados de Jerusalén, a pesar de que prácticamente se habían enterado de las distintas apariciones de Jesús en ese primer día de la semana, pero no creyeron.

Vemos cómo por el camino Jesús mismo es el que va explicando a los dos todo lo que la Escritura hablaba del Mesías y cómo todo se había cumplido.

Y entonces sí, al escuchar a Jesús mismo, sienten arder su corazón y se conmueven. Por eso, cuando Jesús parte el pan regresan a Jerusalén para unirse nuevamente a la comunidad que habían abandonado, confirmando con valentía que habían reconocido a Jesús al partir el pan:

«Ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan».

Para nosotros, entre otras lecciones, vemos cómo se cumplió la promesa de Jesús:

«Tuve hambre y me disteis de comer» y, además: «Fui peregrino y me acogisteis».

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo