11 de julio de 2020

HAY QUE SEMBRAR


HAY QUE SEMBRAR


Debemos admirar en la naturaleza la obra de Dios y aprender a cuidarla, que es la mejor forma de cuidarnos nosotros mismos.
Hoy la liturgia nos habla de distintas maneras de la creación.
  • Isaías
Qué hermoso es observar la naturaleza:
Llueve y luego el agua se evapora. Parece tiempo perdido. Después vuelve a llover y a evaporarse. Pero qué maravilla:
“Como baja la lluvia y la nieve del cielo y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar para que dé semilla… y pan...”.
Un viaje fecundo.
Es el profeta el que hace la aplicación:
La Palabra de Dios llega hasta nosotros y no vuelve vacía. La tierra siempre es dócil, pero la humanidad puede o no acoger la Palabra desde su libertad.
Sin embargo ahí queda una responsabilidad: si se acoge, la Palabra es fecunda. Si no, nuestra esterilidad nos hará responsables ante el Señor.
  • Salmo 64
Es un bellísimo salmo que recoge la obra magnífica del Creador sobre la naturaleza porque es Dios quien cuida la tierra, la riega y la enriquece de mieses y llena nuestros graneros:
“Tú cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida… Igualas los terrones, tu llovizna los deja mullidos… Tus carriles rezuman abundancia… Las praderas se cubren de rebaños y los valles se visten de mieses que aclaman y cantan”.
  • San Pablo
Nos habla de la responsabilidad del hombre que impide a la tierra desarrollar su ciclo natural:
Los pecados extorsionan a la naturaleza, como hemos contemplado de una manera muy especial en los efectos de la contaminación ambiental, y sobre la misma naturaleza humana.
Ahora la naturaleza espera que el hombre vuelva a ser dueño de sus pasiones y así poder gozar con él de la verdadera libertad:
“Vemos que la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto”.
La naturaleza, de la que el hombre forma parte, espera “verse libre de la esclavitud de la corrupción para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios”.
Nuestro cuerpo, parte de la naturaleza, espera con ansias el triunfo del Espíritu que habita en nosotros.
  •  Versículo aleluyático
Este versículo nos da la clave para entender el Evangelio de hoy:
“La semilla es la Palabra de Dios, el sembrador es Cristo; quien lo encuentra vive para siempre”.
  • Evangelio
Jesús aclara a los apóstoles en particular lo que enseña a la multitud, ya que van a ser ellos los maestros que Él dejará después de su Ascensión para construir el Reino.
Un buen día Jesús quiere enseñar y la multitud se lo hace difícil.
Se sube a una barca, se sienta como Maestro y la gente escucha de pie a orillas del lago.
Comienza a enseñar.
Toma la enseñanza de la naturaleza y del trabajo del hombre para que todos entiendan:
El sembrador siembra con generosidad…  y la semilla se esparce por caminos, pedregales, zarzas y tierra buena.
Creo que la gente comprendió mejor que los apóstoles porque para ellos era una tarea diaria, en cambio los apóstoles eran casi todos pescadores y piden explicaciones a Jesús.
Para nosotros dos conclusiones prácticas:
La primera, acoger la Palabra para que no se pierda sino que fructifique.
La segunda, sembrar y hacerlo con confianza.
Dios nos manda sembrar.
El cosechar normalmente tocará a otros.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

4 de julio de 2020

DIOS ES FIEL


DIOS ES FIEL
Una de las características de nuestro Dios es la fidelidad.
Primero a sí mismo y después a sus criaturas.
Profundicemos un poco en el tema que hoy nos presenta la liturgia.
  • Zacarías
El libro de este profeta está dividido en dos partes que según los exegetas pertenecen a autores distintos.
El primero tiene muchos datos históricos y el segundo, al no tenerlos, no resulta fácil conocer de qué época es el autor.
Nuestro párrafo pertenece a la segunda parte del libro que comienza en el capítulo nueve.
Es un anuncio de alegría por la victoria de Dios en Jerusalén:
“Alégrate hija de Sión”.
La hija de Sión es la personificación de Jerusalén y en concreto “Sión” es la ciudadela de la gran ciudad.
Se trata del triunfo que Dios promete a su pueblo. Entre sus líneas los mismos evangelistas han descubierto la entrada triunfal y humilde de Jesús en Jerusalén:
“Mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica”.
Así entendemos cómo Dios ha salvado a su pueblo por medio de Jesucristo que llega con humildad a Jerusalén para entregar su vida.
  • Salmo 144
Es una invitación a bendecir y ensalzar a Dios, como gratitud por su bondad y misericordia:
“Bendeciré tu nombre, Dios mío mi rey…  día tras día te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás… Que todas tus criaturas te den gracias Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado”.
“El Señor es fiel a sus palabras”.
  • San Pablo
Explica que los bautizados no debemos vivir sujetos a la carne (al pecado) sino al Espíritu. La razón es clara y lo sabemos, pero muchas veces no lo pensamos: El Espíritu de Dios habita en nosotros.
Por eso nuestros pensamientos, acciones y nuestros mensajes deben buscar siempre que más personas conozcan el don del bautismo y la presencia del Espíritu Santo en nosotros.
También nos recuerda que si habita en nosotros el Espíritu de Jesús que lo resucitó a Él de entre los muertos, también en su momento, el Espíritu Santo resucitará nuestros cuerpos mortales.
Termina el apóstol recordándonos que no debemos olvidar que estamos en deuda con Dios y debemos dejarnos conducir por el Espíritu.
  • Verso aleluyático
Alaba al Señor por unas palabras que pertenecen al evangelio del día:
“Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del Reino a la gente sencilla”.
  • Evangelio
Quizá nunca hemos pensado que Dios tiene celos porque, al ver el daño que se hacen los hombres motivados por los celos, pensamos que es malo el tener celos de una persona.
En el Éxodo (34,14), sin embargo, encontramos estas palabras:
“El Señor se llama celoso y es un Dios celoso”.
La mejor explicación para este texto es el evangelio de hoy donde Jesús nos dice:
“Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.
Lo primero que está claro es la comunicación perfecta entre el Padre y el Hijo, se conocen, se aman y se descubren el uno al otro pero solo a quienes lo respetan y acogen.
Por eso el Padre descubre al Hijo y el Hijo al Padre, cuando lo creen oportuno.
Jesús por su parte aclara:
No son los sabios y los creídos los que se enteran de quién es Dios, sino los sencillos y abiertos con humildad a su Creador.
Finalmente Jesús nos invita a descansar en Él que, por ser Dios y hombre verdadero, está cerca de nosotros y puede hacerlo.
Finalmente, Jesús termina con esta invitación:
“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso”.

José Ignacio Alemany Grau, obispo