El Adviento, al que
ahora nos referimos, es nada menos que la llegada de Dios para compartir la
vida, la muerte y su triunfo final con todos nosotros.
Cada año renovamos la seguridad de que Dios ha entrado y está con nosotros y permanecerá hasta el final de los tiempos.
- Isaías
El gran profeta tiene
una visión maravillosa que se refiere al final de los tiempos y que la liturgia
nos va a recordar durante este tiempo de Adviento:
En esa gran visión
se revela que «al final de los días estará firme el monte de la casa del
Señor».
Y ve proféticamente
cómo millones de seres humanos se acercan repitiendo: «Venid, subamos al
monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: Él nos instruirá en sus caminos y
marcharemos por sus sendas».
El mundo pacificado
será testigo de que «las espadas se convierten en arados y las lanzas en
podaderas».
Termina la cita con estas preciosas palabras: «Caminemos a la luz del Señor» y encontraremos la paz para la humanidad.
- Salmo 121
Se trata de un
salmo lleno de ilusión y de alegría, que rebosa felicidad: «¡Qué alegría
cuando me dijeron vamos a la casa del Señor!».
Después, descubre
cómo la humanidad entera camina hacia esa casa que representa la paz que todos
los pueblos desean y que se encuentra en Jerusalén.
En nombre de esa
paz y de esa felicidad termina el salmo diciendo:
«Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien».
- San Pablo
En su carta a los
romanos descubre cómo tiene que ser la vida de quienes quieren encontrarse con
Cristo: «Conduzcámonos… con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada
de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias».
Es una invitación a una vida maravillosa para lo cual el mismo apóstol nos pide: «Vestíos del Señor Jesucristo».
- Verso aleluyático
Con uno de los
salmos hacemos esta oración al inicio del Adviento esperando este fruto de la
llegada de Dios a la humanidad:
«Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación».
- Evangelio
El Evangelio que
leemos hoy, en el ciclo A, pertenece a San Mateo y contiene estas palabras que
permiten continuar el tema apocalíptico, al final del año litúrgico.
Jesús, refiriéndose
a la llegada del Hijo del hombre (Jesucristo), dijo:
«Antes del diluvio
la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y
cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio».
Algo así como ahora
la humanidad vive totalmente de espaldas a Dios y a sus enseñanzas y es Jesucristo
el que nos advierta a todos:
«Estad en vela
porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor».
Con el evangelista,
en este primer ciclo, terminamos pensando:
«Estad también
vosotros preparados porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del
hombre».
Recordemos con qué
ansiedad los apóstoles preguntaban los detalles de la venida y cómo Jesús lo
dejó todo en suspenso, para que estemos siempre bien preparados.
¡Feliz primer
domingo de Adviento!
José Ignacio
Alemany Grau, obispo Redentorista
