9 de noviembre de 2019

EL CIELO ES LA GRAN ESPERANZA


EL CIELO ES LA GRAN ESPERANZA

En este domingo XXXII del tiempo ordinario, la Iglesia nos invita a meditar más allá del tiempo, según nos enseña la fe que repetimos en el Credo:
“Creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna”.
Trabajemos por mejorar nosotros y nuestras cosas, mientras vivimos en el mundo, pero no olvidemos que en el momento menos esperado, según nos advertía Jesús, nos iremos con la cosecha del amor: ¡Que sea abundante!
  • 2 Macabeos
Nos cuenta hoy esta historia impresionante:
Una madre valiente que ve morir a sus hijos a manos de un tirano y no se inmuta, sino que los anima para que sean fieles, pensando en la resurrección que les espera después del martirio.
Veamos las frases que dicen al tirano, algunos de ellos, antes de morir:
+ “Tú malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el Rey del universo nos resucitará para una vida eterna”.
+ “Después invitan al tercero a sacar la lengua, lo hizo enseguida y alargó las manos con gran valor y habló dignamente: “de Dios las recibí y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios”.
+ “El cuarto, cuando estaba para morir, dijo: “Vale la pena morir a mano de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida”.
Por su parte la madre, es la gran heroína que da fuerzas a cada hijo en su propio idioma, que no conocía Antíoco, hasta que ella misma fue martirizada.
Así toda la familia fue fiel a Dios y a su fe.
Más. En la tradición cristiana se han considerado a estos macabeos como santos del Antiguo Testamento y se les han dedicado algunas iglesias.
  • Salmo 16
Al leerlo podemos aplicarlo a la resurrección y lógicamente más en concreto a los mártires. Es bello meditarlo y recrearnos en algunas palabras:
“Guárdame como a las niñas de tus ojos”.
Y más todavía: “A la sombra de tus alas escóndeme”, que nos recuerda la comparación que Jesús hizo de sí mismo con la gallina que cobija los polluelos.
  • San Pablo
El apóstol pide para los tesalonicenses la protección del Señor, a fin de que tengan fidelidad en su vida y en comunicar la fe. Que el Señor los libre del maligno y “dirija vuestros corazones hacia el amor de Dios y la paciencia de Cristo”.
  • Verso aleluyático
Recoge el tema central del día presentándonos a Jesús como “el primogénito de entre los muertos” porque resucitándonos abrió a todos la posibilidad de resucitar.
Nuestra resurrección depende de Cristo. Recordemos:
“Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí no morirá para siempre”.
  • Evangelio
Después de presentarle a Jesús un “cuentito” posible de una mujer que tuvo siete maridos porque fueron falleciendo sin dejar hijos, todos ellos hermanos entre sí, le preguntan: “Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella”.
Jesús aclara que tras la resurrección no habrá matrimonio y vivirán para siempre porque participan de la resurrección como hijos adoptivos de Dios.
Seamos sinceros, amigos todos, ¿no es cierto que si creyéramos de verdad en la resurrección sería muy distinta nuestra vida?
Terminemos recordando nuestra fe con las palabras que dijimos al principio:
“Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna”.

José Ignacio Alemany Grau, obispo