Yo no sé porqué en las grandes oportunidades del encuentro de Jesús con los apóstoles, en el Tabor y en Getsemaní, estaban ellos muertos de sueño:
+ «Pedro y sus
compañeros se caían de sueño» (Lc 9,32).
+ «Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. De nuevo se apartó por segunda vez… Y viniendo otra vez los encontró dormidos porque sus ojos se cerraban de sueño» (Mt 26,40.43).
- Génesis
Nos narra el
momento en que Dios hace alianza con Abraham:
«Mira el cielo.
Cuenta las estrellas si puedes… Así será tu descendencia».
Luego vemos cómo «cuando
iba a ponerse el sol un sueño profundo invadió a Abraham… Cuando llegó la
oscuridad… una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los
miembros descuartizados. Y dijo Dios: “A tus descendientes les daré esta
tierra, desde el río de Egipto al gran río Eufrates”».
Frecuentemente en la Escritura vemos que Dios se autodenomina «luz»
- Salmo 26
Precisamente este
salmo nos dice: «El Señor es mi luz y mi salvación…
Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro… Y siento en mi corazón la voz de Dios que me repite: “Buscad mi rostro”. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro».
- San Pablo
Enseña, en la carta
a los filipenses, que «somos ciudadanos del cielo de donde aguardamos un
Salvador, el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde según el
modelo de su cuerpo glorioso».
De esta manera el gran apóstol San Pablo nos recuerda la transfiguración del Señor que reflejaremos en nuestro cuerpo humilde, cuando sea glorificado.
- Versículo evangélico
En el versículo que
sigue a la carta de Pablo tenemos el resumen del Evangelio de este día:
«En el esplendor de
la nube se oyó la voz del Padre: “Este es mi Hijo, el amado, escuchadlo”».
Tengamos siempre presentes las palabras de Jesús en el Evangelio, según pide el Padre Dios.
- Evangelio
Nos cuenta San
Lucas la Transfiguración del Señor.
Jesús, con Pedro,
Juan y Santiago, sube a lo alto de la montaña para orar. «Mientras oraba, el
aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos».
«Pedro y sus
compañeros se caían de sueño y espabilándose vieron su gloria…
Moisés y Elías
hablaban con Él de su partida».
Y lo más importante
para nosotros lo cuenta San Lucas a continuación:
«Se asustaron al
entrar en la nube y una voz de la nube decía: “Este es mi Hijo, el escogido,
escuchadle».
Esas fueron las
palabras más importantes que nunca habían oído los apóstoles: El Padre Dios
pidiendo que tengamos en cuenta las palabras de su Hijo, el Verbo encarnado.
Es para nosotros
también el mensaje de este domingo: escuchar y llevar a nuestra vida todas las
palabras de Jesús que nos repiten los evangelistas.
José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista