23 de febrero de 2025

¿UN AMOR DIFÍCIL?

Jesús propone cosas muy sencillas, pero a la hora de la verdad nos resultan muy difíciles. Casi imposibles a nuestra manera de ser.

  • Libro 1 de Samuel

Empieza con el ejemplo de un amor muy grande de David a Saúl. En efecto, el hagiógrafo cuenta cómo un día Saúl salió persiguiendo a David con tres mil soldados israelitas.

No sabemos cómo David y Abisay fueron de noche al campamento cuando Saúl dormía. No fueron vistos por nadie.

Saúl tenía a la cabecera la lanza, y estaba profundamente dormido.

Abisay dice a David: «Dios te pone el enemigo en la mano. Voy a clavarlo en tierra de una lanzada. No hará falta repetir el golpe».

David replicó: «No lo mates. No se puede atentar impunemente contra el ungido del Señor».

Tomando la lanza, David cortó el vestido del rey, tomó el jarro de agua que había a la cabecera de Saúl y se marcharon sin ser vistos.

Nos cuenta la Escritura cómo David cruzó a la otra parte. Se plantó en la cima del monte y gritó a Saúl: «Aquí está la lanza del rey. Que venga uno de los mozos a recogerla…».

Saúl perdonó a David, abrumado por su gran caridad.

Un ejemplo extraordinario de fidelidad al rey que, en hasta ese momento, era su enemigo.

  • Salmo 102

Habla de la misericordia del Señor que es «compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. No nos paga como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas… Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por los fieles».

  • San Pablo

En la carta a los corintios San Pablo nos advierte la diferencia que hay entre el hombre natural «ser animado», Adán, y el hombre espiritual, Cristo, resucitado, «espíritu que da vida».

Ese hombre, criatura de Dios, llegará a ser imagen de Dios, cuando haya alcanzado su plenitud en la resurrección: «Nosotros que somos imagen del hombre terreno seremos también imagen del hombre celestial», de Cristo Jesús.

  • Verso aleluyático

Nos recuerda el mandamiento de Jesucristo en la última cena:

«Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado». No es fácil para nuestra manera de ser, pero es el distintivo del cristiano según la exigencia de Jesús.

  • Evangelio

El evangelio de San Lucas nos habla del amor que Jesús quiere para sus discípulos.

No se trata precisamente de un amor puramente humano, sino «de tratar a los demás como queréis que ellos os traten. Pues si amáis solo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman».

El distintivo cristiano es este. Así hemos entendido el amor cristiano que no consiste en un simple cariño humano sino en cumplir este mandamiento:

«Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada. Tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo que es bueno con los malvados y desagradecidos».

Finalmente, Jesús nos invita a parecernos al Padre Dios que tiene compasión de todos y nos concreta este amor con estas palabras:

«No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará: os verterán una medida generosa…

La medida que uséis la usarán con vosotros».

Por aquí va el amor cristiano, según el pedido de Jesucristo.

Amemos y seremos semejantes a Dios en cuanto puede una simple criatura.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

15 de febrero de 2025

BENDITOS SEAN LOS BUENOS

Durante miles de años la humanidad ha buscado el bien y ha bendecido a los que lo procuran. Veamos como la liturgia de hoy nos presenta a los buenos en sus distintas acciones.

  • Jeremías

En el breve párrafo define claramente a unos hombres como malditos y a otros como benditos.

El grupo de los primeros pone su confianza en el hombre y su valor en la fuerza, apartando el corazón de Dios.

A este hombre ruin lo compara con un cardo en el desierto.

Por otra parte, están las bendiciones especiales para los hombres «que ponen en el Señor su confianza». Estos son comparados a un árbol que entierra sus raíces en el agua y así permanece siempre fecundo.

  • Salmo 1

Presenta las alabanzas al hombre «que ha puesto su confianza en Dios». Este hombre será siempre feliz porque no sigue el consejo de los malvados «ni entra por la senda de los pecadores». Este hombre que cumple la voluntad de Dios se asemeja «a un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas».

Una vez más lo compara con el hombre malvado que «será paja que arrebata el viento».

El salmo termina hoy comparando el camino de los justos que protege el Señor, con el camino de los impíos que siempre acaba mal.

  • San Pablo

La segunda lectura está tomada de la Carta a los corintios. En ella afirma que la muerte de Cristo, resucitado de entre los muertos, es una verdad que nunca podremos negar.

Luego el apóstol confirma la resurrección de Cristo frente a algunos que niegan la resurrección y a los cuales no podemos seguir porque sin la resurrección de Cristo no tiene sentido ni es posible nuestra salvación.

La última afirmación de Pablo es muy importante en este día: «Cristo resucitó de entre los muertos el primero de todos».

  • Verso aleluyático

Jesucristo nos invita a alegrarnos y a saltar de gozo porque confiamos en la recompensa que dará a nuestras buenas obras: «Alegraos y saltad de gozo porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

  • Evangelio

San Lucas nos presenta a Jesucristo subido en el monte, con sus doce apóstoles, y dirigiéndose a una gran multitud proclamando las famosas bienaventuranzas:

«Dichosos los pobres porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre porque quedaréis saciados…».

Después de detallar unas bienaventuranzas positivas, pasa a resaltar su proclamación para que evitemos la posible condenación:

«Ay de vosotros los ricos porque ya tenéis vuestro consuelo. Ay de los que ahora reís porque haréis duelo y lloraréis. Ay si el mundo habla bien de vosotros. Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas».

La lección que nos da hoy San Lucas es más breve que las de las bienaventuranzas del evangelio de San Mateo, pero son suficientemente claras para definir el futuro de los que siguen las enseñanzas de Jesús frente a quienes siguen el capricho de los malvados.

¿Y tú, en qué bando estás?

¡Bendito sean los buenos!… Que, aunque el mal haga ruido, ¡sabemos que hay mucha gente haciendo el bien!

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

8 de febrero de 2025

GRANDEZA DE DIOS Y PEQUEÑEZ DEL HOMBRE


La verdad es que el pecado nos hace conocer la indignidad de nuestro pobre ser frente 

a la grandeza de Dios.

El camino de vuelta a Dios es la purificación con el gran sacramento de la penitencia. 

Hoy vemos la indignidad que sienten Isaías, por un lado, y Pablo y los apóstoles, por otro, 

frente a la grandeza de Dios y de Cristo.

  • Isaías

Oye la grandeza de Dios cuando cantan los serafines:

«Santo, Santo, Santo, el Señor de los ejércitos. La tierra está llena de su gloria».

El gran profeta experimenta una profunda humildad y no se atreve a presentarse ante 

el Señor:

«¡Ay de mí que estoy perdido!, yo hombre de labios impuros, que habito en medio de un 

pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos».

En aquel momento uno de los serafines vuela hasta el profeta con un carbón encendido 

en la mano… «lo aplicó a mi boca y me dijo: mira, esto ha tocado tus labios, ha 

desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado».

Cuenta el mismo profeta que Dios preguntó:

«¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?».

Isaías, al sentirse purificado, contestó: «¡Aquí estoy! ¡Mándame!».

  • Salmo 137

«Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor… Que te den gracias los reyes de la tierra 

al escuchar el oráculo de tu boca. Canten los caminos del Señor porque la gloria del 

Señor es grande».

La misma grandeza del Señor purifica al salmista que siente que el Señor completa sus 

favores con él:

«Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos».

  • San Pablo

Reconoce la grandeza del Verbo encarnado y de su enseñanza:

«Lo primero que yo os transmití tal como lo había recibido es que Cristo murió por 

nuestros pecados, según las Escrituras. Que fue sepultado y que resucitó al tercer día 

según las Escrituras. Que se apareció a Cefas y más tarde a los doce».

Humildemente reconoce ante los corintios que, Jesús resucitado, después de 

aparecerse a los demás apóstoles, «por último se me apareció también a mí».

Esta visión de Jesucristo resucitado es lo que mueve al apóstol a anunciar a su Señor, a 

tiempo y a destiempo.

  • Verso aleluyático

Es una invitación de Jesucristo a los apóstoles a los que, a pesar de sus limitaciones, 

dice con toda libertad:

«Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres».

  • Evangelio

Nos cuenta San Lucas cómo la multitud se agolpaba alrededor de Jesús para oír la 

Palabra de Dios, estando Él a orillas del lago de Genesaret:

«Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla, subió a la barca de Simón… y le pidió 

que la apartara un poco de tierra. Así, sentado en la barca, comenzó a enseñar».

Sabemos que Jesús cuando acabó de hablar dijo estas famosas palabras a Pedro:

«Rema mar adentro y echa las redes para pescar».

Simón reconoce que en toda la noche no han pescado nada, pero en la palabra del Señor 

echará la red.

La pesca fue tan fabulosa que llenaron las dos barcas y Pedro, al ver este prodigio, dijo 

a Jesús:

«Apártate de mí que soy un pecador y es que el asombro se había apoderado de él y de 

los que estaban con él».

Ante este profundo acto de humildad de San Pedro, Jesús termina el relato diciéndole:

«No temas, desde ahora serás pescador de hombres».

Aquel momento fue tan importante que después del acto de humildad de Pedro y 

posiblemente también de los otros apóstoles, dejaron todo para seguir definitivamente 

a Jesús.

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

1 de febrero de 2025

EL SEÑOR ME HA ENVIADO

Podemos pensar que no tenemos que hacer nada en este mundo. Más todavía, a veces se nos ocurre perder el tiempo como el único fin de nuestra vida.

Pero no es así. Todos tenemos una misión importante que cumplir.

  • Jeremías

A él le dice Dios: «Antes de formarte en el vientre, te escogí».

Cada uno tiene una misión y Dios nos pide valentía para realizarla:

«No les tengas miedo que, si no, yo te meteré miedo de ellos.

Yo te convierto en plaza fuerte, en columna de hierro… Frente a los reyes y príncipes de Judá.

Lucharán contra ti, pero no te podrán porque yo estoy contigo para librarte».

Qué bueno es que tengamos una misión puesta por Dios que conoce nuestras posibilidades y contamos con Él, siempre que actuemos en su nombre.

Sé valiente, Dios está contigo.

  • Salmo 70

El salmista cuenta con Dios y en Él encontrará siempre la fortaleza para luchar:

«A ti, Señor, me acojo. No quede yo derrotado para siempre. Tú que eres justo líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído y sálvame».

Frente a las dificultades de la vida, fácilmente decimos y lo hacemos: «tirar la toalla».

Sin embargo, frente a todas las dificultades decimos:

«Sé tú mi roca de refugio, el baluarte donde me salve. Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud».

Con el profeta Jeremías podemos decir:

«En el vientre materno ya me apoyaba en ti. En el seno tú me sostenías».

Contamos con todas las fuerzas de Dios para vencer el mal que podamos encontrar en el camino.

  • San Pablo

Como consejo, nos dice:

«Ambicionad los carismas mejores, y aún les voy a mostrar un camino excepcional.

Aunque hablará todos los idiomas y tuviera el don de profecía, conociendo todos los secretos, si repartiera en limosnas todos mis bienes… lo más importante de todo es el amor.

El amor es paciente, afable, no tiene envidia, no presume ni se engríe, no es mal educado ni egoísta, no se irrita, no lleva cuentas del mal…

Disculpa sin límites, cree sin límites».

Aunque todo pase, nunca pasará el amor.

La fe, la esperanza, pasarán.

Pero lo más grande que no pasará nunca es el amor.

  • Verso aleluyático

Nos enseña así: El Señor me ha enviado a dar la buena nueva a los pobres, a anunciar la salvación a los cautivos y la libertad verdadera a todos.

Qué importante es sentirse libre y dedicarse a hacer libres a todos los que siguen a Dios.

  •  Evangelio

El evangelio nos lleva otra vez a Nazaret. Recordemos que Jesús está en la sinagoga y, después de haber leído el texto de Isaías, proclama ante todos los vecinos de su pueblo:

«¡Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír!».

Es importante ver cómo se voltea totalmente la opinión de un pueblo, que al principio ha admirado a su paisano y ahora quiere apedrearlo y lo conduce fuera de la sinagoga para despeñarlo y arrojarle piedras encima.

Pero, «Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba».

Está claro que se cumplen sus palabras doloridas:

«Ningún profeta es bien mirado en su tierra».

Esto le duele mucho a los de Nazaret, sobre todo cuando Jesús los compara con el profeta Elías que solo hizo un milagro en favor de la viuda de Sarepta y a Eliseo que, aunque había muchos leprosos en su tiempo, solamente curó a Naamán el sirio.

De esta manera, Jesús pudo hacer muchos milagros en su pueblo, pero no los hizo por su falta de fe.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista