11 de abril de 2026

DIOS SE ACERCA EN JESÚS - Domingo de la Divina Misericordia - Domingo II de Pascua

Durante muchos siglos Dios compartió con su pueblo y «al llegar la plenitud de los tiempos» llegó el mismo Dios en Cristo Jesús.

Veamos a grandes rasgos la liturgia de esta semana.

Lo vemos en la cena del Jueves Santo dándose a comer y beber Él personalmente.

  • Jesús en venta

Lamentablemente uno de sus apóstoles va a venderlo y por unas «monedas» entrega a su Maestro.

El jefe (Pilato) grita al pueblo: ¿Qué prefieren a este hombre que ha hecho mucho bien y milagros; o a un bandido, Barrabás, ladrón con experiencia?

Son los directores espirituales del pueblo quienes lo incitan a pedir la muerte del Justo; y prefieren al ladrón, patrono de sus fechorías.

El juicio termina subiendo a Jesús al Calvario con la cruz a cuestas.

Desde la cruz Jesús nos deja las grandes enseñanzas y termina preparándose a sí mismo a la resurrección cuando dice: «Todo está cumplido»; es decir, la máxima perfección a la que puede aspirar un ser humano: hacer en todo la voluntad de Dios Padre.

Todo termina con estas preciosas palabras que nos deben servir también de oración a nosotros: «Padre, en tus manos pongo mi Espíritu».

  • ¡Resucitó el Señor!

El Padre acoge estas palabras y al tercer día resucita a su Hijo.

El domingo, Jesús habla con las mujeres que han ido a visitar el sepulcro y su palabra queda en el corazón de la Iglesia: «¡Alégrense!».

Más tarde Jesús habla con la Magdalena y hace la gran pregunta para todos nosotros, que queda para todos, siglo tras siglo: «¿Por qué lloran? ¿A quién buscan?»

La respuesta toca la inteligencia y el corazón de los seres humanos que muchas veces no saben qué contestar porque buscan algo distinto.

Es el triunfo de Jesús, y de todos y cada uno de nosotros, si lo queremos en realidad.

Jesús se presenta inesperadamente, primero a los dos de Emaús y ellos lo reconocen «al partir el pan».

Luego Jesús va al cenáculo y se coloca en medio de aquella Iglesia insipiente y le desea la paz. Como creían que era un fantasma, Jesús pide de comer y le ofrecen un trozo de pescado asado para que admiren que es un ser humano como antes, aunque está glorificado.

La liturgia de esta temporada nos presentará el encuentro lleno de amor entre Jesús y la pecadora arrepentida, María Magdalena.

Lo veremos también entre los apóstoles pidiéndoles que vayan por todo el mundo para que la humanidad entera pueda convertirse y recibir el perdón de los pecados.

Finalmente, Jesús reúne a los suyos y se sube a los cielos por su propia virtud ya que es el verdadero dueño del mundo, Dios como el Padre, y con palabras del acto de fe que rezamos, repetimos: «Está sentado a la derecha del Padre».

  • Divina Misericordia

Esta magnífica semana larga termina con la Misericordia de Dios en una fiesta que hacemos los hombres que hemos conocido cómo, a pesar de ser pecadores, siempre podemos contar con el amor misericordioso de Dios.

El salmo 117 nos dice: «Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia».

Ejemplo para todos nosotros es Santo Tomás que había negado ante todos sus compañeros la resurrección de Jesucristo y termina su negación cuando se aparece el mismo Señor y le dice:

«Trae tus dedos, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente».

Contestó Tomás: «Señor mío y Dios mío».

En este acto de fe y humildad, al mismo tiempo, tenemos la actitud que pide para todos nosotros Jesús, el Señor de la Divina Misericordia.

¡¡Así se ama!!

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

29 de marzo de 2026

DOMINGO DE RAMOS

En esta semana que la liturgia llama «santa» porque en ella se encierra el Triduo Pascual, entremos con fe profunda en las reflexiones y lecturas que nos presenta.

Lo que recordaremos en este domingo con amor, ya sucedió y ahora Jesús está glorificado en el cielo y en la Eucaristía, pero recordamos con mucha gratitud su entrega por nosotros, en la liturgia de esta semana que comienza con el Domingo de Ramos.

  • Procesión de ramos

Antes de celebrar la Eucaristía de este domingo, los fieles suelen ir a una plazuela o un templo menos importante para celebrar allí la bendición de los ramos y salir luego cantando en procesión a la parroquia.

El pequeño evangelio que leemos en ese momento es de Mateo.

Jesús, montado en un pollino, entra en la ciudad de Jerusalén y los que lo acompañan, cortando ramas de olivos y de palmeras, lo van aclamando:

«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!».

Según San Mateo la gente se preguntaba:

«¿Quién es este?»

Procuremos, nosotros, durante esta semana contestar a esa pregunta que siempre nos interpela y exige una respuesta.

  • Isaías

En esta profecía nos presenta a Jesús como un discípulo fiel:

«Ofrecí la espalda a los que me apaleaban. Las mejillas a los que mesaban mi barba. No me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos…».

Este siervo del Señor, a pesar del terrible sufrimiento, venció todos los ultrajes con la fuerza de Dios.

Ante cualquier dolor recordemos al Maestro y contemplemos su ejemplo.

  • Salmo 21

Viene a ser un resumen del dolor de Cristo en la crucifixión cuando, de hecho, exclamó el viernes santo en el Calvario desde la cruz:

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».

A continuación, el salmo describe muchos detalles que se realizaron en la pasión del Señor:

«Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos. Fuerza mía ven corriendo a ayudarme».

Un salmo para los momentos duros de la vida.

  • San Pablo

Nos invita a meditar en la profundidad del misterio del dolor de Cristo en la crucifixión. A pesar de ser Dios todopoderoso, actuó como un hombre cualquiera soportando la humillación de la cruz.

Ya desde ahora la liturgia, con palabras de esta carta de Pablo a los Filipenses, nos habla de la glorificación de Jesús para que, desde el principio, estemos seguros del triunfo porque además de siervo humilde es verdadero Dios, y su Padre lo glorificó:

«Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo».

Y finalmente, nos pide a todos que glorifiquemos a nuestro Redentor:

«Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre».

  • Versículo de aclamación

En varios momentos de este día la liturgia nos repite estas palabras:

«Cristo por nosotros se sometió incluso a la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre».

  • Evangelio

En el ciclo A la liturgia nos presenta el relato de San Mateo. Les invito a todos a meditar con profundidad, y ojalá en familia, los hechos que más les llamen la atención.

De toda esta lectura de la Pasión de Jesús será bueno concluir estas palabras:

«Así se ama».

Y que todos aprendamos de Él a amar.

Si queremos aprender a amar veamos los detalles del amor en nuestro Señor y Redentor Jesucristo.

El evangelista termina el relato de su larga pasión con estas palabras:

«Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro».

No contaban con el poder de Dios que tenía Jesús y que quedó bien claro a los tres días.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo