17 de enero de 2026

Hemos conocido el Amor - Domingo II del tiempo ordinario – ciclo A

 

Nos cuenta San Juan que nosotros hemos conocido el amor de Dios y hemos creído en él.

Se trata de la esencia de nuestro Dios que es puro amor y que, al conocerlo, nos ha llevado a la aceptación de Él como Dios verdadero, y hemos creído que realmente nuestro Dios existe. Nuestro Dios se definió como amor: «Dios es amor».

¿Quién nos lo dijo?

El discípulo predilecto de Jesús. Veamos.

  • Isaías

El gran profeta, con mucha anterioridad, nos define al Mesías como el siervo de Dios:

«El Señor me dijo: “tú eres mi siervo de quien estoy orgulloso”».

Y añade el profeta:

«Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel.

Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

La misión que el Señor da por medio de este gran profeta es proclamar el Evangelio hasta el fin del mundo, como dirá el mismo Jesucristo antes de subir a los cielos.

  • Salmo 39

«Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad».

Esta frase maravillosa, que hemos podido meditar todos juntos en nuestro retiro pasado, es la que la Escritura pone en labios de Jesucristo, el «siervo de Yavé», que desde el principio viene a la tierra a cumplir la voluntad de Dios.

Entre otros detalles leeremos en este salmo:

«Como está escrito en mi libro: “para hacer tu voluntad”. Dios mío lo quiero y llevo tu ley en las entrañas».

Es el Siervo de Yavé que cumple y ayuda a cumplir la voluntad de Dios entre los hombres.

  • San Pablo

Con unas palabras sencillas empieza San Pablo su carta a los corintios:

«Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios», con su compañero de evangelización Sóstenes, dice:

«Escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que Él llamó y a todos los demás…».

Y ahora les da el saludo que todos conocemos por su importancia e intensidad:

«La gracia y la paz de Dios, nuestro Padre y del Señor Jesucristo sean con vosotros».

Quiera Dios que a través de nuestros días aprendamos a saludar a los verdaderos seguidores de Dios con estas palabras muy importantes que han quedado escritas en la Sagrada Escritura.

  • Verso aleluyático

Nos recuerda la encarnación del Verbo, que hace poco tiempo nos presentó la misma liturgia:

«La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros».

Una vez más, recordemos que a los que han acogido a Jesucristo los ha hecho de verdad hijos de Dios.

  • Evangelio

Nos cuenta San Juan que cuando el Bautista vio venir a Jesús mezclado entre la gente, exclamó:

«¡Este es el Corderio de Dios que quita el pecado del mundo! Este es aquel de quien yo dije: “tras de mí viene un hombre que está por delante de mí porque existió antes que yo”».

La verdad es que Juan no conocía a Jesús, aunque nos parezca extraño, pero él mismo exclamó:

«Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel».

Y añadió el Bautista:

«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como paloma y se posó sobre Él».

Y vuelve a exclamar:

«Yo no lo conocía, pero el que me envío bautizar me dijo: “aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre Él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo”».

De esta manera nos encontramos con el Precursor que bautiza con agua y también con el mismo Jesucristo, Verbo de Dios, “siervo de Yavé” que bautiza con el Espíritu Santo; es decir, con la tercera Persona de la Trinidad Santa.

Les invito a todos ustedes a recordar en este día su bautismo, cuando en el Nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, fueron bautizados con agua y con el Espíritu que es para nosotros fuego y salvación.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

11 de enero de 2026

JESÚS PREDILECTO DE DIOS - Domingo del Bautismo del Señor – ciclo A

Estamos en un tiempo especial de liturgia. La llegada de Dios en Belén y su tiempo de infancia quedó atrás. Vamos ahora a su vida pública, tiempo que la liturgia va a llamar “tiempo ordinario”.

Este tiempo empieza con el bautismo del Señor.

  •  Isaías

Nos presenta al siervo de Yavé, imagen de Jesucristo. Él es el escogido por Dios entre todos los seres humanos y así dice: «Mirad a mi siervo a quien sostengo, es mi elegido a quien prefiero».

Más aún, el profeta se atreve a decirnos de este elegido: «A quién prefiero. Sobre Él ha puesto Yavé mi Espíritu para que tenga el derecho a las naciones».

Isaías nos habla de las actitudes del futuro Mesías: «No gritará, no clamará, no voceará por las calles».

En su humildad el siervo de Yavé llega al extremo de decir «La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho. El Señor bendice a su pueblo con la paz».

A continuación, el salmista invita: «Aclamad la gloria del nombre del Señor, postraos ante el Señor en el atrio sagrado».

Exalta la voz del Señor sobre las aguas torrenciales: «En el templo de Dios hay un grito: ¡Gloria! El Señor se sienta por encima por encima del aguacero, el Señor se sienta como rey eterno».

  • Hechos de los Apóstoles

Es el apóstol Pedro quien nos recuerda que Dios no hace distinciones «acepta al que lo teme y practica la justicia sea de la nación que sea».

Para Pedro, Jesús de Nazaret, «ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo porque Dios estaba con Él».

  • Verso aleluyático

Recuerda el momento más importante del bautismo de Jesús cuando se oyó la voz del Padre que decía: «Este es mi Hijo amado, escuchadle».

A través de los siglos todos debemos escuchar la voz de Jesucristo para poder llegar al seno de la Trinidad Santa.

  • Evangelio

Nos cuenta San Mateo que Jesús fue a Galilea, al Jordán, y pidió a Juan Bautista que lo bautizara. Juan se negó por humildad. Jesús acepta la sencillez de Juan y pide:

«Cumplamos lo que Dios quiere».

Entonces Juan lo bautizó y cuando Jesús salió del agua vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre Él. Y vino una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo, el amado, el predilecto».

Ante esta manifestación de la Santísima Trinidad quedamos maravillados del amor de Dios a Cristo, y a nosotros en Él.

Recuerda que el Bautismo instituido por Jesús es siempre en el nombre de las tres Divinas Personas y cuando te bautizaste comenzaste a ser hijo de Dios por Jesucristo.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista