8 de febrero de 2026

Jesús es la luz del mundo - Domingo V del tiempo ordinario – ciclo A

 

La liturgia nos enseña que Jesucristo, Dios verdadero, es luz del mundo y que cada cristiano debe ser también luz para todos los hombres, dejando ver sus buenas obras que glorifiquen a Dios Padre.


  • Isaías

Mientras el profeta pide: «Parte tu pan con el hambriento…», asegura que, si lo haces «romperá tu luz como la aurora; enseguida te brotará carne sana; te abrirá camino la justicia y detrás irá la gloria del Señor».

El que actúa con esta caridad que pide el profeta oirá la voz del mismo Dios que dice: «¡Aquí estoy!».

A las obras de misericordia seguirá la verdadera luz: «Tu oscuridad se volverá mediodía».

  • Salmo 11

«El justo brillará en las tinieblas como una luz».

A continuación, el salmista presenta las características del hombre que actúa bien: «Brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo».

Y sigue felicitando y alabando al que se apiada y presta y «administra rectamente sus asuntos».

  • San Pablo

El mismo resalta su manera de actuar en la evangelización: la sencillez.

«Cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino Jesucristo y este crucificado».

De esta manera destaca el apóstol el corazón del anuncio evangelizador: Jesucristo crucificado. A primera vista un malhechor condenado. Anunciarlo supone debilidad: «y temblar de puro miedo».

La fuerza de la predicación de Pablo está en presentar a un Cristo débil, condenado injustamente, y; sin embargo, con el poder del Espíritu, el apóstol consiguió la salvación de muchos y en concreto entre los corintios.

  • Verso aleluyático

El tema fundamental de este día es Jesucristo como luz del mundo al que seguimos para conocer el camino y llegar al Padre:

«Yo soy la luz del mundo. El que me sigue tendrá la luz de la vida»

  • Evangelio

Toda esta luz de que se habla en este domingo pertenece a los que siguen a Jesús, como indica el Evangelio de san Mateo hoy, después de decir que los seguidores de Jesús son como la sal de la tierra, que si pierde su sabor no hay como salarla.

El punto más importante de este día lo encontramos en este Evangelio, cuando Jesús nos advierte:

«Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto del monte».

Con esta comparación nos advierte Jesucristo que cada uno de nosotros, al llevar la gracia que Dios nos regaló en el bautismo, tenemos que ser como candeleros «que alumbren a todos los de la casa».

Y el gran pedido de Jesucristo, en este domingo, es:

«Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria al Padre que está en el cielo».

Este es todo un programa para nuestra vida cristiana. Que cuanto hagamos sea para ayudar a los otros, como una luz que alumbra el camino a los demás para que puedan llegar a Dios.

Finalmente, advierte Jesús que todos tenemos que glorificar al Padre como la meta de nuestra vida hacia la que debemos tender: ser luz para toda la humanidad.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

31 de enero de 2026

Tensión entre los dos reinos - Domingo IV del tiempo ordinario – ciclo A

Posiblemente desde la creación del mundo ha habido tensión entre el reino de Dios y el reino de su enemigo. Hoy encontramos en la liturgia, de una manera u otra, este camino enfrentado entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. De todas maneras, tengamos presente la oración que Jesús nos enseñó en la que tantas veces repetimos: «Venga a nosotros tu reino», el reino de Dios.

  • Sofonías

Invita a caminar por el reino de Dios con estas palabras:

«Buscad al Señor los humildes que cumplís sus mandamientos. Buscad la justicia, buscad la moderación. Quizá podáis ocultaros el día de la ira del Señor».

Está claro que para este profeta lo que debemos buscar todos es el reino de Dios y su justicia.

  • Salmo 145

Se trata de una alabanza para los pobres en el espíritu porque a ellos pertenece el reino de los cielos:

«El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente. Él hace justicia a los oprimidos, Él da pan a los hambrientos, el Señor liberta a los cautivos».

Son los pobres de espíritu que siempre serán los preferidos de Dios. El salmo termina manifestando esa debilidad por los pobres, los cautivos, los ciegos, etc.

  • San Pablo

En su Carta a los corintios manifiesta cómo en la asamblea de los cristianos hay preferencia por los pobres que siguen a Jesucristo: «Fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristocráticos, todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder».

Según San Pablo, Dios manifiesta su preferencia por los pobres para confundir a los que se creen importantes.

  • Verso aleluyático

En medio de estas diferencias entre la preferencia de Dios por los pobres y la preferencia del enemigo y sus seguidores por la grandiosidad y el poder, el Señor nos pide a los suyos: «Estad alegres y contentos porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

  • Evangelio

El Evangelio de San Mateo expresa claramente la diferente visión sobre la vida del que sigue a Jesucristo y del que sigue el camino contrario.

Mientras el mundo piensa que son felices los poderosos, los que gozan, los que tienen… Jesús presenta ocho bienaventuranzas que invitan a seguirlo de cerca por un camino de limitaciones y penalidades que un día tendrá un premio que nos llenará de gozo porque «la recompensa será grande en el reino de los cielos».

Estas son las bienaventuranzas que presenta Mateo en el capítulo 5 de su Evangelio:

«Dichosos los pobres en el espíritu… dichosos los que lloran… dichosos los sufridos… dichosos los que tienen hambre y sed de justicia… dichosos los misericordiosos… dichosos los limpios de corazón… dichosos los que trabajan por la paz... dichosos los perseguidos por la justicia».

Como hemos dichos, vivir las bienaventuranzas tendrá una recompensa que hará felices a los que sean admitidos en el reino de Dios, mientras el mundo considera pobres y desgraciados a quienes carecen de lo que el mundo considera la auténtica felicidad: las riquezas, el dominio, el poder…

Invito a todos ustedes, queridos amigos, a buscar la felicidad que no termina, y a no quedar nunca enredados en las apariencias que ofrece “el mundo”.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista