18 de abril de 2026

SI VAMOS HABLANDO DE DIOS… Domingo III de Pascua


Si vamos hablando de Dios seguramente que Dios llegará a tiempo en nuestro camino y será un gozo encontrarse con Él, como podemos hacerlo conocer profundizando en las lecturas de este tercer domingo de Pascua.

Hechos de los apóstoles

Los Hechos nos muestran a Pedro el día de Pentecostés, de pie, con los once, pidiendo silencio para hablar a la multitud. Lo fundamental de su enseñanza es su Señor: «Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros y signos y prodigios que conocéis».

A continuación, habla a la multitud de la muerte y resurrección de Jesucristo:

«Dios, rompiendo las ataduras de la muerte lo resucitó», según lo dijo David, «y no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción».

Después de exaltar la imagen de Jesucristo que enseñaba las maravillas de Dios y realizaba muchos milagros, termina San Pedro diciendo al pueblo:

«Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

  • Salmo 15

El salmista, profetiza la resurrección del Mesías prometido, y dice así:

«Protégeme Dios mío que me refugió en ti…

Bendeciré al Señor… Tengo siempre presente al Señor, con Él a mi derecha no vacilaré…Por eso se me alegra el corazón y se gozan mis entrañas y mi carne descansa serena porque no me entregarás a la muerte».

  • San Pedro

El apóstol, después de recordarnos: «Si llamáis Padre al que juzga a cada uno según sus obras, sin parcialidad, tomad en serio vuestro proceder en esta vida», termina su exhortación con estas palabras:

«Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza».

  • Verso aleluyático

Recoge un sentimiento del corazón de los discípulos de Emaús, como conclusión de su diálogo con Dios en Cristo:

«Señor Jesús explícanos las Escrituras, haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas».

  • Evangelio

La liturgia en este domingo quiere que volvamos al camino de Emaús y nos presenta a dos de los discípulos que se vuelven de Jerusalén hablando de los acontecimientos sobre Jesús. Y como hablan de Dios, sin saberlo ellos, un peregrino más ágil se acerca a los dos preguntando:

«Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Jesús se hace como que no les entiende y aprovecha para explicarles cómo en Jesucristo se han cumplido las Escrituras.

Habla de su muerte y resurrección y Él mismo reprocha a los dos discípulos por no haber creído las Escrituras e incluso el volverse de Jerusalén como desesperanzados, aunque incluso han oído hablar de la resurrección de Jesús al tercer día.

Es entonces cuando el Maestro habla con pasión a los dos discípulos:

«Comenzado por Moisés y siguiendo por los profetas les explicó lo que se refería a Él en toda la Escritura».

Llegan a Emaús, Jesús hace ademán de seguir adelante y los dos coinciden:

«Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída».

Jesús entró y puestos a la mesa partió el pan, como era su costumbre cuando lo consagraba, y al recibir de sus manos el pan consagrado reconocieron a Jesús, pero Él despareció.

Así es cuando se va preocupado por Dios y sus cosas, que de una u otra forma nos encontramos con Él. Por eso, exclamaron los dos peregrinos:

«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Era la certeza del Resucitado y, aunque ya era tarde, regresaron a Jerusalén donde estaban los apóstoles y escucharon lo que decían los otros:

«¡Era verdad! ¡Ha resucitado el Señor y se apareció a Simón!».

Y ellos añadieron gozosos:

«¡También nosotros lo hemos visto y lo hemos reconocido al partir el pan!».

Así es, hermanos, si nos fiamos de Dios, tarde o temprano renacerá la fe y el amor en nuestro corazón: ¡Y el Resucitado llenará nuestra vida!

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

11 de abril de 2026

DIOS SE ACERCA EN JESÚS - Domingo de la Divina Misericordia - Domingo II de Pascua

Durante muchos siglos Dios compartió con su pueblo y «al llegar la plenitud de los tiempos» llegó el mismo Dios en Cristo Jesús.

Veamos a grandes rasgos la liturgia de esta semana.

Lo vemos en la cena del Jueves Santo dándose a comer y beber Él personalmente.

  • Jesús en venta

Lamentablemente uno de sus apóstoles va a venderlo y por unas «monedas» entrega a su Maestro.

El jefe (Pilato) grita al pueblo: ¿Qué prefieren a este hombre que ha hecho mucho bien y milagros; o a un bandido, Barrabás, ladrón con experiencia?

Son los directores espirituales del pueblo quienes lo incitan a pedir la muerte del Justo; y prefieren al ladrón, patrono de sus fechorías.

El juicio termina subiendo a Jesús al Calvario con la cruz a cuestas.

Desde la cruz Jesús nos deja las grandes enseñanzas y termina preparándose a sí mismo a la resurrección cuando dice: «Todo está cumplido»; es decir, la máxima perfección a la que puede aspirar un ser humano: hacer en todo la voluntad de Dios Padre.

Todo termina con estas preciosas palabras que nos deben servir también de oración a nosotros: «Padre, en tus manos pongo mi Espíritu».

  • ¡Resucitó el Señor!

El Padre acoge estas palabras y al tercer día resucita a su Hijo.

El domingo, Jesús habla con las mujeres que han ido a visitar el sepulcro y su palabra queda en el corazón de la Iglesia: «¡Alégrense!».

Más tarde Jesús habla con la Magdalena y hace la gran pregunta para todos nosotros, que queda para todos, siglo tras siglo: «¿Por qué lloran? ¿A quién buscan?»

La respuesta toca la inteligencia y el corazón de los seres humanos que muchas veces no saben qué contestar porque buscan algo distinto.

Es el triunfo de Jesús, y de todos y cada uno de nosotros, si lo queremos en realidad.

Jesús se presenta inesperadamente, primero a los dos de Emaús y ellos lo reconocen «al partir el pan».

Luego Jesús va al cenáculo y se coloca en medio de aquella Iglesia insipiente y le desea la paz. Como creían que era un fantasma, Jesús pide de comer y le ofrecen un trozo de pescado asado para que admiren que es un ser humano como antes, aunque está glorificado.

La liturgia de esta temporada nos presentará el encuentro lleno de amor entre Jesús y la pecadora arrepentida, María Magdalena.

Lo veremos también entre los apóstoles pidiéndoles que vayan por todo el mundo para que la humanidad entera pueda convertirse y recibir el perdón de los pecados.

Finalmente, Jesús reúne a los suyos y se sube a los cielos por su propia virtud ya que es el verdadero dueño del mundo, Dios como el Padre, y con palabras del acto de fe que rezamos, repetimos: «Está sentado a la derecha del Padre».

  • Divina Misericordia

Esta magnífica semana larga termina con la Misericordia de Dios en una fiesta que hacemos los hombres que hemos conocido cómo, a pesar de ser pecadores, siempre podemos contar con el amor misericordioso de Dios.

El salmo 117 nos dice: «Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia».

Ejemplo para todos nosotros es Santo Tomás que había negado ante todos sus compañeros la resurrección de Jesucristo y termina su negación cuando se aparece el mismo Señor y le dice:

«Trae tus dedos, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente».

Contestó Tomás: «Señor mío y Dios mío».

En este acto de fe y humildad, al mismo tiempo, tenemos la actitud que pide para todos nosotros Jesús, el Señor de la Divina Misericordia.

¡¡Así se ama!!

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista