La liturgia nos enseña que Jesucristo, Dios verdadero, es luz del mundo y que cada cristiano debe ser también luz para todos los hombres, dejando ver sus buenas obras que glorifiquen a Dios Padre.
Isaías
Mientras el profeta pide: «Parte tu pan con el hambriento…», asegura que, si lo haces «romperá tu luz como la aurora; enseguida te brotará carne sana; te abrirá camino la justicia y detrás irá la gloria del Señor».
El que actúa con
esta caridad que pide el profeta oirá la voz del mismo Dios que dice: «¡Aquí
estoy!».
A las obras de misericordia seguirá la verdadera luz: «Tu oscuridad se volverá mediodía».
- Salmo 11
«El justo brillará
en las tinieblas como una luz».
A continuación, el
salmista presenta las características del hombre que actúa bien: «Brilla
como una luz el que es justo, clemente y compasivo».
Y sigue felicitando y alabando al que se apiada y presta y «administra rectamente sus asuntos».
- San Pablo
El mismo resalta su
manera de actuar en la evangelización: la sencillez.
«Cuando vine a
vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o
sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino
Jesucristo y este crucificado».
De esta manera
destaca el apóstol el corazón del anuncio evangelizador: Jesucristo
crucificado. A primera vista un malhechor condenado. Anunciarlo supone
debilidad: «y temblar de puro miedo».
La fuerza de la predicación de Pablo está en presentar a un Cristo débil, condenado injustamente, y; sin embargo, con el poder del Espíritu, el apóstol consiguió la salvación de muchos y en concreto entre los corintios.
- Verso aleluyático
El tema fundamental
de este día es Jesucristo como luz del mundo al que seguimos para conocer el
camino y llegar al Padre:
«Yo soy la luz del mundo. El que me sigue tendrá la luz de la vida»
- Evangelio
Toda esta luz de
que se habla en este domingo pertenece a los que siguen a Jesús, como indica el
Evangelio de san Mateo hoy, después de decir que los seguidores de Jesús son
como la sal de la tierra, que si pierde su sabor no hay como salarla.
El punto más
importante de este día lo encontramos en este Evangelio, cuando Jesús nos
advierte:
«Ustedes son la luz
del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto del monte».
Con esta
comparación nos advierte Jesucristo que cada uno de nosotros, al llevar la
gracia que Dios nos regaló en el bautismo, tenemos que ser como candeleros «que
alumbren a todos los de la casa».
Y el gran pedido de
Jesucristo, en este domingo, es:
«Alumbre así
vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria al
Padre que está en el cielo».
Este es todo un
programa para nuestra vida cristiana. Que cuanto hagamos sea para ayudar a los
otros, como una luz que alumbra el camino a los demás para que puedan llegar a
Dios.
Finalmente,
advierte Jesús que todos tenemos que glorificar al Padre como la meta de
nuestra vida hacia la que debemos tender: ser luz para toda la humanidad.
José Ignacio
Alemany Grau, obispo Redentorista
