21 de agosto de 2021

¿A QUIÉN IREMOS?

La liturgia de hoy nos habla de fidelidad, algo que resulta siempre difícil pero mucho más en el tiempo en que vivimos.
Pidamos a Jesucristo, testigo fiel, que nos ayude a todos a ser fieles, primero a Dios, después en el santo matrimonio y también en todos los detalles de la vida humana y sobre todo cristiana. 

  • Libro de Josué

Es muy famosa la asamblea de Siquén. Josué, cuando se asentaron los israelitas en la tierra prometida, reúne a todas las tribus y les plantea con toda energía la obligación de fidelidad que tienen con Dios y pone a su propia familia como modelo.

El gran Josué conoce la infidelidad humana y especialmente de su propio pueblo; por eso les dice:

“Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quien queréis servir: a los dioses que sirvieron vuestros antepasados… Yo y mi casa serviremos al Señor”.

El pueblo contestó haciendo un público compromiso:

“… También nosotros serviremos al Señor: es nuestro Dios”.

Muy pronto el libro de los Jueces nos contará las tremendas infidelidades que cometió el pueblo en los doscientos años que gobernaron los jueces y cómo el Señor los perdonó cuando se arrepentían.

  •  Salmo 33

Una vez más refiriéndose al evangelio de hoy que es el último que nos habla de la eucaristía, la liturgia nos dice:

“Gustad y ved qué bueno es el Señor, su alabanza está siempre en mi boca. Mi alma se gloría en el Señor”.

  • San Pablo

En su carta a los efesios nos habla de la fidelidad en el matrimonio que no es algo simplemente humano, aunque es cosa buena porque así lo hizo Dios, sino que fue elevado por Jesús a sacramento en el que debe mantenerse siempre la fidelidad.

Muchas veces se critica a San Pablo por las palabras con que habla del amor y relación entre el hombre y la mujer pidiendo que imiten la actitud amorosa de Cristo con la Iglesia. La verdad es que no hay profundidad en la reflexión ya que nadie podría ser tan feliz como el matrimonio entre un hombre y una mujer que vivieran la entrega de Jesús a la Iglesia y de la Iglesia a Jesús.

Meditemos estas últimas palabras de hoy:

“Es este un gran misterio y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia”.

Maravilloso pensamiento:

El hombre vive el amor de Cristo y la mujer el amor de la Iglesia. ¡Insuperable!

  •  Verso aleluyático

Recoge unas palabras del evangelio de este día que es el último párrafo del capítulo 6 de San Juan que venimos meditando. Tengámoslo muy presente:

“Tus palabras, Señor, son espíritu y vida, tú tienes palabras de vida eterna”.

  • Evangelio

Al final del maravilloso capítulo 6 de San Juan parecería que todos iban a quedar admirados y comprometidos con Jesucristo. Pero no es así.

La gente repitiendo: “este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?”, comienza a retirarse abandonando a Jesús por predicar una doctrina imposible.

¿Cómo aceptar que Jesús es el pan de vida que todos tienen que comer para salvarse?

Jesús se vuelve a los apóstoles y les pregunta:

“¿También vosotros queréis marcharos?”

Todos debemos tener en cuenta que para ser verdaderamente de Jesús hay que aceptar todas las verdades de fe y entre ellas la maravillosa presencia de Jesucristo en la eucaristía.

Pedro, en nombre de todos los apóstoles, y quiera Dios que también en el nuestro, contestó:

“Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el santo consagrado por Dios”.

Profundicemos y adoremos este gran misterio, regalo del Padre Dios.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo