4 de agosto de 2018

DANOS SIEMPRE ESE PAN

La liturgia en estas semanas, interrumpiendo las enseñanzas de San Marcos, nos sigue exponiendo el capítulo 6 de San Juan sobre el Pan de vida.
El maná del Antiguo Testamento es una de las imágenes que Jesucristo tomará para hablarnos del Pan de vida, la Eucaristía.
  • Éxodo
El Éxodo nos muestra las protestas de un pueblo hambriento.
Escuchando las quejas de los israelitas contra Moisés y Aarón, comprendemos que el pueblo estaba sufriendo y tenía razón: le faltaba el pan y la carne de siempre.
Como en la mayoría de las manifestaciones, en esta oportunidad, hay una parte importante de razón que se debe solucionar. La protesta se mezclaba con un problema de fondo, que en el caso era la fe en el Dios libertador.
Los israelitas estaban dudando de las intenciones que tenía Dios al sacarlos de Egipto, y protestaban como si en el Éxodo hubiera una intención de que el pueblo muriera en el desierto.
De todas formas la misericordia de Dios es muy grande y concede a su pueblo el maná como pan y las codornices como carne.
¿Qué era el maná?
“La casa de Israel llamó a aquel alimento maná; era blanco, como semilla de cilantro y con sabor a torta de miel” (Ex 16,31).
Según algunos autores se trataba de un polvito o sustancia blanquecina segregado por las hojas del Tamarisco al ser picadas por un insecto.
En cuanto a las codornices se trata de las aves trashumantes, que al volar bajo, era fácil golpearlas y hacerlas caer. Es un fenómeno de la naturaleza que se repite en ciertas épocas del año.
La providencia de Dios consiste sobre todo en el hecho de hacer coincidir la necesidad y el pedido de su pueblo con fenómenos de la naturaleza, como tantas veces sucede en la vida. Son pequeñas providencias que el pueblo suele llamar “milagros”.
  • Salmo 77
Este salmo habla del pan celestial, el maná, que la Iglesia referirá al pan consagrado de la Eucaristía.
El mismo Jesús, lo veremos luego, relaciona el maná que comió el pueblo en el desierto con la Eucaristía que nos dejó a los suyos; es decir, su Cuerpo santo y su Sangre preciosa:
“Hizo llover sobre ellos maná, les dio trigo celeste. El hombre comió pan de ángeles, les mandó provisiones hasta la hartura”.
  • San Pablo
En la carta a los Efesios el Apóstol nos invita a la conversión y lo hace con una comparación que todos conocemos.
Para Pablo el “hombre viejo” significa “el antiguo modo de vivir, el hombre viejo corrompido por los deseos seductores”.
El “hombre nuevo” nos invita a renovarnos “en la mente y en el espíritu y vestirnos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas”.
Esta es la conversión que nos pide el Apóstol.
Será bueno poner atención a estas palabras con que inicia el párrafo de la carta:
“No andéis como los gentiles que andan en la vaciedad de sus criterios”.
Se trata de una realidad muy frecuente en nuestro tiempo cuando se actúa con unos criterios y formas de vida vacíos de sentido, no solo religioso, sino también humano.
Muchas veces los gustos personales se asumen equivocadamente como si fueran las leyes para vivir.
El hijo de Dios tiene en Jesucristo el verdadero ejemplo de vida.
  • Evangelio
Entresaquemos unas frases del Evangelio para nuestra reflexión:
+ “Trabajad por el pan que perdura para la vida eterna”.
Sí. Hay vida eterna.
Si cuidamos tanto el pan del día (y está muy bien) ¡cuánto más debemos procurar el pan que nos da la vida eterna!, como ha prometido Jesús.
+ Ese pan lo da “el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre Dios”.
El sello es llama al Espíritu Santo.
Una vez más tenemos una referencia a la Trinidad.
El Padre que nos da al Hijo en la Eucaristía con la colaboración del Espíritu Santo.
Por eso en el momento de la consagración dice el sacerdote:
“Envía tu Espíritu sobre este pan y este vino para que se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre…”
También nosotros hemos sido sellados por el Espíritu Santo, sobre todo en el bautismo.
+ “Dios quiere que creamos en el que Él ha enviado”.
Creer en Jesús es el regalo más grande que nos ha hecho el Padre Dios.
+ “Señor, danos siempre de este pan”.
Esa petición debemos hacerla también nosotros y debemos procurar acercarnos lo más frecuentemente posible para recibir la Eucaristía.
+ “Yo soy el pan de vida”.
Jesús afirma su divinidad con la expresión “Yo soy”, que repite siete veces en el Evangelio.
Seguiremos hablando de este gran capítulo sobre la Eucaristía.


José Ignacio Alemany Grau