25 de enero de 2026

La alegría de la luz que une - Domingo III del tiempo ordinario – ciclo A


En este tercer domingo del tiempo ordinario se nos habla de muchas cosas, pero en medio de todo, es Jesús mismo el que brilla como una luz para todos los hombres.

  • Isaías

El profeta nos habla de cómo el pueblo de Israel, en medio de las tinieblas, ha visto una gran luz. Esta luz es la esperanza en el Mesías que va a traer la alegría y el gozo para el pueblo que ha estado bajo la opresión y va a volver a la libertad verdadera gracias al futuro Mesías:

«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande. Habitaban tierras de sombras y una luz les brilló».

  • Salmo 26

Define a Dios como luz, y siempre la luz auténtica va unida a la libertad que trae la salvación.

El Señor mismo es la luz y salvación de Israel y como tal se convierte en la defensa de un pueblo que ha puesto su confianza en el Señor.

Por eso, el salmista pide una cosa al Señor: «Habitar en la casa del Señor por los días de mi vida y gozar de la dulzura del Señor por años contemplando su templo», la casa de Dios.

  • San Pablo

Habla de un momento difícil que trae la división entre los cristianos y valientemente aboga por la unidad: «En nombre de nuestro Señor Jesucristo poneos de acuerdo y no andéis divididos. Estad bien unidos con un mismo pensar y sentir».

Esta Carta a los corintios parece escrita en este momento en que muchos cristianos andamos divididos por distintas ideologías y parece que San Pablo nos pregunta también a nosotros:

«¿Está dividido Cristo?».

Incluso, la siguiente pregunta es muy concreta para este momento:

«¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros? ¿Habéis sido bautizados en nombre de Pablo?».

San Pablo advierte claramente, en medio de las divisiones, que él únicamente ha pretendido anunciar el Evangelio y no ha venido a bautizar en nombre de él sino en nombre de Cristo.

  • Verso aleluyático

Se centra en el apostolado de Jesús que hacía milagros y predicaba continuamente con la finalidad de que el Evangelio del reino llegue a todas partes, y aprovechaba las curaciones con el fin de extender el reino de Dios por toda la tierra:

«Proclamaba el Evangelio del reino curando las dolencias del pueblo».

  • Evangelio

Nos presenta a Jesús junto al lago «pescando pescadores».

En este día, de una manera especial, Jesús va juntando a los que han de ser la Iglesia primera.

En primer lugar, llamó a Pedro y a su hermano Andrés, diciendo: «Venid y seguidme, os haré pescadores de hombres».

Esta es la transformación que Jesús quiere en los suyos: evangelizar para convertirlos y que entren en el reino de Dios.

Más tarde, junto al mismo lago, se encuentra a los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, que también estaban pescando y Jesús los llamó para que le siguieran y se convirtieran, como los otros dos, en los primeros que entraron a conformar la Iglesia que Él fundó.

Son muchas las conclusiones que debemos tener en cuenta en este día.

Ante todo, que Jesús es la luz de las naciones.

Que no debemos dividirnos por ideologías y falta de caridad entre nosotros.

Finalmente, estar seguros de que por el bautismo Jesús nos llama a todos a evangelizar.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista


17 de enero de 2026

Hemos conocido el Amor - Domingo II del tiempo ordinario – ciclo A

 

Nos cuenta San Juan que nosotros hemos conocido el amor de Dios y hemos creído en él.

Se trata de la esencia de nuestro Dios que es puro amor y que, al conocerlo, nos ha llevado a la aceptación de Él como Dios verdadero, y hemos creído que realmente nuestro Dios existe. Nuestro Dios se definió como amor: «Dios es amor».

¿Quién nos lo dijo?

El discípulo predilecto de Jesús. Veamos.

  • Isaías

El gran profeta, con mucha anterioridad, nos define al Mesías como el siervo de Dios:

«El Señor me dijo: “tú eres mi siervo de quien estoy orgulloso”».

Y añade el profeta:

«Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel.

Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

La misión que el Señor da por medio de este gran profeta es proclamar el Evangelio hasta el fin del mundo, como dirá el mismo Jesucristo antes de subir a los cielos.

  • Salmo 39

«Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad».

Esta frase maravillosa, que hemos podido meditar todos juntos en nuestro retiro pasado, es la que la Escritura pone en labios de Jesucristo, el «siervo de Yavé», que desde el principio viene a la tierra a cumplir la voluntad de Dios.

Entre otros detalles leeremos en este salmo:

«Como está escrito en mi libro: “para hacer tu voluntad”. Dios mío lo quiero y llevo tu ley en las entrañas».

Es el Siervo de Yavé que cumple y ayuda a cumplir la voluntad de Dios entre los hombres.

  • San Pablo

Con unas palabras sencillas empieza San Pablo su carta a los corintios:

«Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios», con su compañero de evangelización Sóstenes, dice:

«Escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que Él llamó y a todos los demás…».

Y ahora les da el saludo que todos conocemos por su importancia e intensidad:

«La gracia y la paz de Dios, nuestro Padre y del Señor Jesucristo sean con vosotros».

Quiera Dios que a través de nuestros días aprendamos a saludar a los verdaderos seguidores de Dios con estas palabras muy importantes que han quedado escritas en la Sagrada Escritura.

  • Verso aleluyático

Nos recuerda la encarnación del Verbo, que hace poco tiempo nos presentó la misma liturgia:

«La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros».

Una vez más, recordemos que a los que han acogido a Jesucristo los ha hecho de verdad hijos de Dios.

  • Evangelio

Nos cuenta San Juan que cuando el Bautista vio venir a Jesús mezclado entre la gente, exclamó:

«¡Este es el Corderio de Dios que quita el pecado del mundo! Este es aquel de quien yo dije: “tras de mí viene un hombre que está por delante de mí porque existió antes que yo”».

La verdad es que Juan no conocía a Jesús, aunque nos parezca extraño, pero él mismo exclamó:

«Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel».

Y añadió el Bautista:

«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como paloma y se posó sobre Él».

Y vuelve a exclamar:

«Yo no lo conocía, pero el que me envío bautizar me dijo: “aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre Él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo”».

De esta manera nos encontramos con el Precursor que bautiza con agua y también con el mismo Jesucristo, Verbo de Dios, “siervo de Yavé” que bautiza con el Espíritu Santo; es decir, con la tercera Persona de la Trinidad Santa.

Les invito a todos ustedes a recordar en este día su bautismo, cuando en el Nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, fueron bautizados con agua y con el Espíritu que es para nosotros fuego y salvación.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista