14 de febrero de 2026

Libertad y fe - Domingo VI del tiempo ordinario – ciclo A

 

Para comenzar la reflexión de este domingo será bueno que meditemos las palabras del verso aleluyático:

«Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla».

Es muy importante reconocer la libertad que nos da Dios en nuestra santa religión y cómo, sin dejar de lado la fe, libremente escogeremos la manera de actuar.

  • Eclesiástico

Es de destacar cómo enseña el Eclesiástico que, en nuestra voluntad, unida a la de Dios, encontraremos la solución al tema que hoy meditamos.

Empieza afirmando, y debemos fijarnos en esto, que de nuestra voluntad depende cumplir los mandatos del Señor.

En efecto, ante nosotros está escoger entre el fuego y el agua; la muerte y la vida… Desde la libertad tenemos que decidir cómo actuar para hacer lo que Dios quiere; escogiendo libremente entre las cosas posibles.

Dios ve nuestras acciones, «no manda pecar al hombre ni deja impunes a los mentirosos».

Si actuamos bien y con responsabilidad tendremos la bendición de Dios.

  • Salmo 118

El salmo señala cómo es una bendición para todos el caminar en la voluntad del Señor. Por eso, dice:

«Dichoso el que con vida intachable camina en la voluntad del Señor; dichoso el que guardando sus preceptos lo busca de todo corazón».

Concluye el salmista pidiendo: «Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y lo seguiré puntualmente. Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón».

  • San Pablo

Dice el apóstol a los corintios que sus enseñanzas no son de este mundo, sino que proceden del mismo Dios.

La sabiduría de este mundo conduce al error y al pecado: «Si la sabiduría fuera auténtica nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria».

Nuestra preocupación como creyentes debe ser seguir las inspiraciones del Santo Espíritu del Señor ya que «Dios nos lo ha revelado por el Espíritu. El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios».

Ojalá que siempre, pero con toda libertad, sigamos sus divinas inspiraciones.

  • Evangelio

Encontramos en San Mateo, este domingo, una serie de leyes o principios de moral que siguiéndolos con libertad conseguiremos la gracia y bendiciones de Dios. Aquí tienes unas pinceladas para tu reflexión y crecimiento espiritual:

+ «Si no sois mejores que los escribas y fariseos no entraréis en el reino de los cielos».

+ «Habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás; y el que mate será procesado. Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su hermano será procesado».

+ «Habéis oído el mandamiento: no cometerás adulterio; pero yo os digo: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior».

+ «Habéis oído que se dijo a los antiguos: no jurarás en falso y cumplirás tus votos al Señor. Pues yo os digo: que no juréis en absoluto ni por el cielo que es el trono de Dios, ni por la tierra que es estrado de sus pies, ni por Jerusalén que es la ciudad del gran rey. Ni jures por tu cabeza pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo.

A vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del maligno».

Ahí tenemos unas normas y consejos de Jesucristo en este domingo en que hablamos de la libertad a la hora de cumplir la Ley del Señor.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista

8 de febrero de 2026

Jesús es la luz del mundo - Domingo V del tiempo ordinario – ciclo A

 

La liturgia nos enseña que Jesucristo, Dios verdadero, es luz del mundo y que cada cristiano debe ser también luz para todos los hombres, dejando ver sus buenas obras que glorifiquen a Dios Padre.


  • Isaías

Mientras el profeta pide: «Parte tu pan con el hambriento…», asegura que, si lo haces «romperá tu luz como la aurora; enseguida te brotará carne sana; te abrirá camino la justicia y detrás irá la gloria del Señor».

El que actúa con esta caridad que pide el profeta oirá la voz del mismo Dios que dice: «¡Aquí estoy!».

A las obras de misericordia seguirá la verdadera luz: «Tu oscuridad se volverá mediodía».

  • Salmo 11

«El justo brillará en las tinieblas como una luz».

A continuación, el salmista presenta las características del hombre que actúa bien: «Brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo».

Y sigue felicitando y alabando al que se apiada y presta y «administra rectamente sus asuntos».

  • San Pablo

El mismo resalta su manera de actuar en la evangelización: la sencillez.

«Cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino Jesucristo y este crucificado».

De esta manera destaca el apóstol el corazón del anuncio evangelizador: Jesucristo crucificado. A primera vista un malhechor condenado. Anunciarlo supone debilidad: «y temblar de puro miedo».

La fuerza de la predicación de Pablo está en presentar a un Cristo débil, condenado injustamente, y; sin embargo, con el poder del Espíritu, el apóstol consiguió la salvación de muchos y en concreto entre los corintios.

  • Verso aleluyático

El tema fundamental de este día es Jesucristo como luz del mundo al que seguimos para conocer el camino y llegar al Padre:

«Yo soy la luz del mundo. El que me sigue tendrá la luz de la vida»

  • Evangelio

Toda esta luz de que se habla en este domingo pertenece a los que siguen a Jesús, como indica el Evangelio de san Mateo hoy, después de decir que los seguidores de Jesús son como la sal de la tierra, que si pierde su sabor no hay como salarla.

El punto más importante de este día lo encontramos en este Evangelio, cuando Jesús nos advierte:

«Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto del monte».

Con esta comparación nos advierte Jesucristo que cada uno de nosotros, al llevar la gracia que Dios nos regaló en el bautismo, tenemos que ser como candeleros «que alumbren a todos los de la casa».

Y el gran pedido de Jesucristo, en este domingo, es:

«Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria al Padre que está en el cielo».

Este es todo un programa para nuestra vida cristiana. Que cuanto hagamos sea para ayudar a los otros, como una luz que alumbra el camino a los demás para que puedan llegar a Dios.

Finalmente, advierte Jesús que todos tenemos que glorificar al Padre como la meta de nuestra vida hacia la que debemos tender: ser luz para toda la humanidad.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo Redentorista