29 de marzo de 2026

DOMINGO DE RAMOS

En esta semana que la liturgia llama «santa» porque en ella se encierra el Triduo Pascual, entremos con fe profunda en las reflexiones y lecturas que nos presenta.

Lo que recordaremos en este domingo con amor, ya sucedió y ahora Jesús está glorificado en el cielo y en la Eucaristía, pero recordamos con mucha gratitud su entrega por nosotros, en la liturgia de esta semana que comienza con el Domingo de Ramos.

  • Procesión de ramos

Antes de celebrar la Eucaristía de este domingo, los fieles suelen ir a una plazuela o un templo menos importante para celebrar allí la bendición de los ramos y salir luego cantando en procesión a la parroquia.

El pequeño evangelio que leemos en ese momento es de Mateo.

Jesús, montado en un pollino, entra en la ciudad de Jerusalén y los que lo acompañan, cortando ramas de olivos y de palmeras, lo van aclamando:

«¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!».

Según San Mateo la gente se preguntaba:

«¿Quién es este?»

Procuremos, nosotros, durante esta semana contestar a esa pregunta que siempre nos interpela y exige una respuesta.

  • Isaías

En esta profecía nos presenta a Jesús como un discípulo fiel:

«Ofrecí la espalda a los que me apaleaban. Las mejillas a los que mesaban mi barba. No me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos…».

Este siervo del Señor, a pesar del terrible sufrimiento, venció todos los ultrajes con la fuerza de Dios.

Ante cualquier dolor recordemos al Maestro y contemplemos su ejemplo.

  • Salmo 21

Viene a ser un resumen del dolor de Cristo en la crucifixión cuando, de hecho, exclamó el viernes santo en el Calvario desde la cruz:

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».

A continuación, el salmo describe muchos detalles que se realizaron en la pasión del Señor:

«Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos. Fuerza mía ven corriendo a ayudarme».

Un salmo para los momentos duros de la vida.

  • San Pablo

Nos invita a meditar en la profundidad del misterio del dolor de Cristo en la crucifixión. A pesar de ser Dios todopoderoso, actuó como un hombre cualquiera soportando la humillación de la cruz.

Ya desde ahora la liturgia, con palabras de esta carta de Pablo a los Filipenses, nos habla de la glorificación de Jesús para que, desde el principio, estemos seguros del triunfo porque además de siervo humilde es verdadero Dios, y su Padre lo glorificó:

«Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo».

Y finalmente, nos pide a todos que glorifiquemos a nuestro Redentor:

«Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre».

  • Versículo de aclamación

En varios momentos de este día la liturgia nos repite estas palabras:

«Cristo por nosotros se sometió incluso a la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre».

  • Evangelio

En el ciclo A la liturgia nos presenta el relato de San Mateo. Les invito a todos a meditar con profundidad, y ojalá en familia, los hechos que más les llamen la atención.

De toda esta lectura de la Pasión de Jesús será bueno concluir estas palabras:

«Así se ama».

Y que todos aprendamos de Él a amar.

Si queremos aprender a amar veamos los detalles del amor en nuestro Señor y Redentor Jesucristo.

El evangelista termina el relato de su larga pasión con estas palabras:

«Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro».

No contaban con el poder de Dios que tenía Jesús y que quedó bien claro a los tres días.

 

José Ignacio Alemany Grau, obispo

21 de marzo de 2026

YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA - Domingo V de Cuaresma – ciclo A

El domingo de hoy está lleno de esperanza y nos permite ver que la vida en el mundo es un paso para una segunda parte mucho mejor en la resurrección eterna.

  • Profeta Ezequiel

Este pequeño párrafo del profeta Ezequiel nos habla de resurrección. Es el mismo Señor quien dice: «Yo mismo abriré vuestros sepulcros… Entonces sabréis que yo soy el Señor».

Lo importante es que, tras el tiempo de la vida temporal, Dios mismo ha prometido: «Os infundiré mi Espíritu y viviréis».

  • Salmo 129

«Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa».

El salmo es una invitación a la esperanza: «Desde lo hondo a ti grito, Señor, Señor escucha mi voz… Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?».

La verdad es que nos sentimos pecadores por haber ofendido al Señor y desde nuestro corazón brota un profundo sentimiento de arrepentimiento que reconocemos y que brota desde nuestro interior como un regalo de Dios.

Por eso podemos decir, a pesar de nuestros pecados: «Mi alma espera en el Señor… Aguarde Israel al Señor porque del Señor viene la misericordia y la redención copiosa».

El Señor nos redimirá.

  • San Pablo

Escribiendo a los romanos les dice que hay dos maneras muy distintas de vivir: unos sujetos a las pasiones de la carne y que no pueden agradar a Dios. Otros (San Pablo supone que es la comunidad cristiana) que viven movidos por el Espíritu: «No estáis sujetos a la carne sino al Espíritu porque el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo».

Tengamos muy en cuenta esta expresión del apóstol: no nos dejemos llevar de simples sentimientos o conveniencias. Solo el Espíritu de Cristo nos puede salvar.

San Pablo saca la conclusión de que «si Cristo está en nosotros, el cuerpo está muerto al pecado y vivo por la justificación obtenida como regalo de Dios».

  • Versículo antes del Evangelio

Recordando el Evangelio de hoy, Jesús nos deja estas palabras muy importantes:

«Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí no morirá para siempre».

  • Evangelio

El pasaje del Evangelio de este día es muy hermoso porque nos permite ver la amistad tan profunda que existe entre Jesús y la familia de Betania.

Nos enteramos de que Lázaro, el tercero de la familia, está enfermo.

Las hermanas le envían un recado a Jesús confiando en que, al saber que su amigo ha enfermado va a ir a curarlo, como lo han visto actuar en muchas ocasiones.

Al enterarse Jesús deja pasar un tiempo y quiere ir después a la casita de Betania. Los apóstoles le recuerdan que ir a Jerusalén era exponerse al peligro porque lo buscan para matarlo.

Jesús, lleno de ilusión porque sabe lo que quiere hacer, emprende el camino a Betania.

Al llegar pregunta dónde lo han enterrado. Le advierten que lleva ya cuatro días en el sepulcro.

A Jesús le importan poco porque tiene claro lo que va a realizar. Cuando Jesús pide que abran el sepulcro se llenan todos de admiración y esperanza.

La voz poderosa de Jesús gritó: «¡Lázaro sal fuera!».

El muerto salió con las vendas que llevaba y dijo Jesús que lo desataran.

Nadie puede imaginar la alegría que hubo ese día en Betania y sobre todo en aquellas dos mujeres de la familia de Lázaro.

Para nosotros lo más importante es la verdad que repite Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá. Y el que está vivo y cree en mí no morirá para siempre».

Esta es nuestra alegría: después de un tiempo en la tierra, Jesús, que es la certeza de la resurrección, nos invitará a vivir eternamente… Quiera Dios que sea para siempre en la Gloria.

 

José Ignacio Aleman Grau, obispo Redentorista