20 de febrero de 2016

Reflexión homilética para el II domingo de Cuaresma, ciclo C

¿YA ESTÁS PREPARANDO TU TRANSFIGURACIÓN?

Hoy celebramos la transfiguración del Señor. Por estar en ambiente penitencial, a la liturgia le sabe poco este día y por eso el 6 de agosto celebra, cada año con una fiesta, la transfiguración.
Entonces repetiremos en un himno:
“Transfigúrame, Señor, transfigúrame”… “Transfigúranos, Señor, transfigúranos”.
La transfiguración es un don de Dios, pero hay que colaborar con Él.
Tratándose de algo tan importante me he permitido preguntarte desde el título:
¿Ya estás preparando tu transfiguración?
Examinemos el relato de Lucas en el Evangelio de este domingo y lo haremos siguiendo algunas enseñanzas del Papa Benedicto en su libro “Jesús de Nazaret”.

v  ¿A dónde va Jesús?
A un monte.
Las montañas, por su altura, nos invitan a pensar en la cercanía de Dios, no solo físicamente sino también en nuestro interior.
En el Antiguo Testamento se nos habla del Horeb, el Sinaí y el Moria, como lugares de revelación.
En el Nuevo Testamento “conocemos diversos montes de la vida de Jesús… el monte de la tentación, el monte de su gran predicación, el monte de la oración, el monte de la transfiguración, el monte de la agonía, el monte de la cruz y por último el monte de la ascensión”.
Hoy lógicamente estamos en el monte de la Transfiguración.
v  ¿A qué va Jesús acompañado de sus tres predilectos, Pedro, Santiago y Juan?
Lucas, que es el evangelista que más nos habla de oración, nos dice:
“Subió a lo alto de la montaña para orar. Y, mientras oraba”, se realizó el misterio.
v  ¿Qué sucede en el Tabor?
Algo muy extraordinario:
Metido en oración Jesús deja traslucir  a través de su cuerpo humano algo de la belleza de su divinidad.
Los evangelistas tienen palabras muy pobres para describir la transfiguración.
-          Lucas dice:
“El aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos”.
-          Marcos dirá “sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador como no puede dejarlos ningún batanero del mundo”.
-          Mateo, a su vez, dirá: “su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”.
Los tres predilectos “se caían de sueño” porque no tenían la sensibilidad y profundidad para entender lo que pasaba… Como tampoco entendieron la agonía del huerto y mientras Jesús luchaba, ellos dormían.
v  Lo visitan Moisés (representante de la ley, el más importante del Antiguo Testamento) y Elías que representa a los profetas.
Ambos habían profetizado sobre el Mesías.
v  La conversación de estos personajes con Jesús trató de la salida de Jesús de este mundo. “Éxodo” o salida que se consumará en Jerusalén.
v  Pedro, cuando puede, dice: “Maestro, qué bien se está aquí, haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
(Marcos advierte que Pedro no sabía lo que decía).
Entonces “llegó una nube que los cubrió”.
La nube significa la presencia de Dios en el Antiguo Testamento y también se hace presente en la encarnación del Verbo en el seno de María y el día de la ascensión.
Con la nube llega una voz de lo alto. Es el Padre que vuelve a presentar a Jesús como lo había hecho en el bautismo: “éste es mi Hijo, el escogido”.
Inmediatamente después un mandato. ¡El gran mandato de Dios Padre para todos nosotros!
“¡Escúchenlo!”
v  La transfiguración muestra que en el paso de vida a muerte y de muerte a resurrección, Jesús está respaldado por los representantes de la historia de la salvación: el Padre, la ley, los profetas y el mismo cuerpo de Jesús glorificado.
v  La visión de Cristo como luz y vestido de luz nos recuerda estos textos:
- “Dios de Dios, Luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero…” (Credo).
- “En Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres y la luz brilla…” (Jn 1,4).
- “Ustedes son la luz del mundo”, como nos pidió el mismo Jesús (Mt 5,14).

*       La primera lectura presenta a Dios como “una antorcha ardiendo” entre las víctimas, aceptando el sacrificio de Abraham y haciendo con Él una alianza.
*       El salmo responsorial (26):
“El Señor es mi luz y mi salvación”.
Su luz nos defiende como el día que nos permite caminar sin temor.
Porque Dios es luz hay fiesta de esperanza: “espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida”.
*        Pablo nos advierte que será Jesús mismo quien “transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso”.
Un hermoso domingo para meditar en la misericordia de Dios que, a pesar de nuestras limitaciones y pecados, nos ofrece la purificación y transfiguración que un día nos permitirá gozar de Él para siempre.
Colaboremos con Dios en esta transfiguración.
José Ignacio Alemany Grau, obispo